Bienvenidos

"Educar... hermosa palabra que algunos utilizan para instruir al rebaño y que pocos utilizan para inspirar"


04/03/08

Un dedo roto

Con dolor y un dejo de desazón se dejó caer al suelo. Con el dedo roto en la boca, lamiéndose la sangre, dijo: ¡Definitivamente no es este mi día, no es esta la vida mía!

Los pechos de Teresa (Tributo a Narciso y Golmundo, Herman Hesse, 1930)

Y estando ella sentada cual niña escurridiza sobre sus rodillas, dejóse arrancar de un manotón el camisón azul. Sus pechos, como dos denarios relucientes, brillaron entre la espesa oscuridad del cuarto, tostados y apetecibles a los ojos de Renato. ¿Era posible condenar el alma ante semejante aberración?, ¿era posible castigarse, y de entre todas las formas posibles, escoger esa, tan pasmosa y cruel a la vez?, ¿nunca hubo tiempo acaso, para detener sus propias miradas inquiridoras? Renato sentía que el descontrolado apetito por su propia descendencia era contranatural, aún así, los pechos cafés de Teresa lo contemplaban estáticos en ese negro cuarto, invitándolo a una provocativa tertulia nocturna. Teresa yacía inmóvil sobre su regazo, mas no indiferente, pues la novicia, al igual que él, sentía deseos de holocausto erótico. Y fue entonces cuando Renato, haciendo callar antes a Dios Padre, se inclinó aceptando dicha invitación sobre uno de los pechos de Teresa, pechos no formados aún, simples bosquejos. La boca de Renato posóse sobre uno de ellos sin despegarse como lengua sobre hielo y con una de sus manos sostenía el firme pecho mientras lo besaba y la otra, tan demente como la primera, la sostenía a ella de sus anchas caderas, rozando con poca frecuencia al comienzo y sin pudor, el fin de su vientre. Largo rato contempló su cuerpo inerte sobre las sábanas cuando ya Renato hubo quitado el camisón por completo y todo lo demás a Teresa. Tal era la belleza de sus pechos que hubiese deseado arrancárselos de un sablazo esa noche y disecarlos. Caídos y al mismo tiempo altivos permanecieron en continuo diálogo Renato y los pechos de Teresa. En asidua disputa intentaban hacer predominar el propio monólogo. Renato pegado a ellos, los correteaba con besos y los asfixiaba con un luminoso hablar, enrojeciéndolos. Y ambos pechos planeaban cómo embobar a Renato fingiendo estar heridos y desangrados, pero dispuestos a la batalla de ese holocausto, a la resistencia, como si su vigor fuese renovable pese al cansancio. La mozuela permanecía callada y sin musitar, y en los interludios para animarlo, se dedicaba a verle parado de cabeza completamente extasiado.

12/01/08

Blanca la Solitaria II

Bajo un paraguas negro, Blanca la Solitaria corrió bajo la lluvia chapoteando y sin preocuparse del vestido de hojas que llevaba. No había tiempo para eso. Había recibido una pésima noticia que seguramente le incomodaría por algún tiempo. Corrió cual niña ligera por las avenidas inundadas al compás del vuelo de los cuervos, que como siempre intentaban buscar una buena conversación a los transeúntes. Habiendo llegado a casa, lanzó el paraguas en el jardín lo más lejos que pudo y entró. Cerrada la puerta, la protegió con su espalda y en voz baja le oí decir: Debemos huir.

05/01/08

Blanca la Solitaria

Cuando Blanca la Solitaria le pidió a su masculina madre que describiera su más remota infancia, ésta, titubeó demasiado antes de responder en plena cena. Era una pregunta fuera de los temas recurrentes en esas situaciones; se permitía hablar de cómo preparar las zanahorias en la olla o qué endulzantes para diabéticos no se volvían amargos después de medianoche, pero jamás, jamás se hablaba del pasado. Aún así su madre respondió vagamente. La describió como una niña extremadamente pálida, salvo cuando se avergonzaba de los únicos cuatro cabellos negros sobre su cabeza, que desde recién arrojada al mundo había tenido. Sus abuelos y tíos creyeron que con el tiempo crecerían muchos más como era de esperar, pero sin duda eso jamás ocurrió. A los seis fue una niña inquieta y sociable como cualquier otro niño, excepto que jamás tocaba lo que le causaba curiosidad, dedicándose días completos a observar con las manos tomadas y en silencio lo que llamaba su atención, como si esperase alguna clase de respuesta de objetos inmóviles que jamás le hablarían.

La acomplejaban sus cuatro cabellos delgados y sin gracia, tanto como para encerrarse tardes enteras en su cuarto a probarse frente al espejo cuanta peluca encontrara y que pareciese resaltar su belleza, por inexistente que fuese. Así transcurrió una infancia difícil de recordar y al mismo tiempo muy desagradable. Una noche, terminado el plato de sesos que cada martes preparaba su abuela materna, se dirigió al baño conteniendo a tiempo un vómito verde y sin ninguna clase de olor que finalmente lanzó al retrete. Acabó por limpiar su nariz, su boca y dejar todo en orden. Enseguida se dirigió a su cuarto, se sentó sobre la silla de dos patas y con la mejor navaja que tenía cortó las venas más importantes del cuello y sus muñecas. Vació toda su sangre a un frasco sin olvidar una sola gota. Pensó de inmediato que ahora sería imposible avergonzarse cada vez que se burlaran de sus cuatro cabellos negros, de su delgadez, de su baja estatura y su nariz respingada.

Pálida y sin sangre, tomó una sábana blanca de su alcoba y se cubrió por completo abrazando aún el recipiente que contenía su sangre caliente. Se levantó, abrió la puerta de su cuarto, avanzó por el corredor hasta la puerta principal de su casa y allí se despidió impertérrita de la familia, cerró la puerta y todos en la mesa se miraron unos a otros consternados por aquel escenario, hasta que la abuela de Blanca la Solitaria preguntó si la cena del día siguiente sería lengua de vaca o piel de cerdo.

10/12/07

Mi caricatura


Dos de la tarde y se encontraba completamente sola. Tres de la tarde, aún sola. Cuatro y un cuarto sin mayores problemas, salvo una quejumbrosa llamada, una limosna arrojada a sus pies y tres lágrimas que sequé con mi propia mano. ¿Qué sucede solitaria? Nada ¿Qué ocurre chica de labios carnosos? Nada, disfruto de la vida siendo huérfana. ¿Todos ellos aún creen en Dioses? ¿Aún se rigen por Leyes? ¿Aún no arrojan a sus padres por aquel barranco?

Mi pobre caricatura despavorida huyó por las calles del barrio consumido por las hordas tribales. Quemó demasiados cigarrillos como para dejar de jadear mientras corría, escabulléndose entre las avenidas. Según ella, era una verdadera lástima correr para no perder sus zapatillas baratas o su teléfono usado a manos de cientos de hombres pintarrajeados. Corrió y corrió quizás no por miedo a perder en dos segundos la ropa, sino por lo que en ese momento le reveló su propio Apocalipsis.

Bocinas y escupitajos en la acera, su antiguo barrio, sus amargos recuerdos, las casas pequeñas, entretención de baja categoría. Huyó de sus revelaciones, de la mediocridad de bajos sueldos, de la infelicidad, infelicidad no por reducidas oportunidades, sino por faltas de respeto a sí mismos. El machismo anticuado la espantó, mujeres con criaturas colgando, hombres en cada esquina, botillerías atestadas, luces navideñas falsas, reuniones vecinales para aniquilar los pensamientos que carcomen el alma y condenan la desidia, casas desmoronándose, dibujos indescifrables en los muros, proyectos de vida secos antes de nacer, voluntades descosidas, mujeres cocinando, hombres bebiendo, gentío con bolsas sobrepasadas, ambiciones arrugadas, manos dañadas por el desuso, pandemias de decadencia, brazos deformes, locuras cuerdas, niños cochinillos, espíritus sin recorrer, soberbia amortajada, cesantía, mala fe, desocupación, crepúsculo depresivo, animales de zoológico, orgullos trizados intencionalmente.

Mi caricatura huyó por las calles del barrio temerosa de un mundo fuera del pupitre y apenas me di cuenta corrí presuroso tras ella por toda la ciudad. Mi caricatura jadeaba quitando sus lágrimas sintiéndose sucia y harapienta. Corría evitando tocar a los otros, susurrando imperceptiblemente cuánto deseaba observar, crear y dar vida, cuánto les temía a todos ellos. Corrió tan deprisa que ni siquiera pude invitarle otro cigarrillo suelto, vencido, amargo y light que comprábamos donde siempre.

Se detuvo de pronto cabizbaja bajo un semáforo y me senté a su lado, la besé cerca de la boca, escribí algo para ella improvisadamente, la miré fijando mi vista en sus labios y le canté:

Oh solitaria de piernas
entumecidas bajo el farol:
Abre aún más los ojos de
tu pecho ante tan patético
horror, la dulce modorra del
sin-sentido, del absurdo.

Cenas aguadas, música marchita, siestas, psiquiatras, hambre de todo saciada a los veinte, frío, sádicos, Casa de Muñecas de Ibsen, nada mejor, vidrios rotos, ¡Ambición estrangulada! ¡Ambición estrangulada! ¡Ambición estrangulada!

La perseguí empapado en sudor una inusual tarde de diciembre, vociferando palabras de sosiego y tranquilidad a lo lejos, mientras ella se veía a sí misma hedionda y empolvada. Grité por toda la ciudad hasta que pálida y canija la encontré destruyendo todo a su paso, encontrándose cara a cara con lo que evitaba tocar, con rostros deformes y alientos leprosos. Corrió a su refugio, corrió, corrió, corrió y corrió hasta su casa, hasta tu casa, hasta el teléfono, hasta tu casa, hasta el teléfono, hasta tu cara, hasta tu cama. En ella recostada y algo más tranquila, la abracé acariciando su espalda y besándole el cuello. Su jadeo poco a poco disminuyó y ninguno de los dos mencionó una sola palabra sobre lo ocurrido. No supe exactamente cuando quedose dormida. Cerré mis ojos y suspiré por haber al fin llegado a nuestro destino, a inmiscuirme en nuestras creaciones, en nuestros retratos, en nuestros cojines, en nuestra música.

23/11/07

Onomatopeyas callejeras


¡Fiuum! ¡Faa! ¡Kui kui! ¡Aqüí aqüí! ¡Jaja! ¡ ¡Ohh! ¡Son brígidos, en verdah! ¡Tutututú! ¡Ahhhh (suspiro)! ¡Trrr! ¡Küip! ¡Tay loca! ¿Qué hora es? ¡Esta weá de dormir en el piso weón!… (Respiración) ¡Chiqui chiqui! ¿Tení fuego? ¿Cogollo? ¡Volemoh naturalmente! ¡Casi me fui! ¡Es que tu te vai! ¡Sentí purah hormigah! ¡La weá jugosa! ¡Pi puí! ¡Pi puí papapá! ¡Turururú! ¡Tu no sentí el cuerpo! ¡Esa es una forma de matar a alguien! ¡Eh en buena¡ ¡Mmm! ¡Maricón! ¡Tay flopi y sentí cuando se te está apagando la tele! ¡Chucu! ¡Tic tac tic tac! ¡Tarán! ¡Tofo tofo tofo! ¡Te tere te tán! ¡Rrrrr! ¡Hay que puro carretear! ¡ta bien paqueao! ¡Puroh viejoh culiaoh y noh cagamoh de la risa! ¡Me tiraba un peo y alegaban! ¡Güí güí! ¡We are the champions, my friends, no time for losers, cause we are the champions, of the World! ¡Rún rún! ¡We are the champions! ¡Horizonte! ¡Ñiúm! ¡Un amigo güitrió desde el sesto pisto! ¡Jajá! ¡Pom pom! ¡Pa pam, piúum! ¡Pilililí! ¡Aló! ¡No quiero palta! ¡Me debí cinco lucas! ¡Tum túm tum tururururún! ¡What goes around, goes around, goes around! ¡Somos como putas acá a las cuatro eh la mañana en la calle! ¡Me compra un parche! ¡Tuc tuc! (monedas de diez pesos revoloteando en una taza de plástico) ¡Me compra una laminita! ¡Tengo hambre¡ ¡Veinticuatro mil quinientos, raya cero tres! ¡Último cómputo! ¡Ohhh! ¡Un perro con lunares! ¡Son todas unas maracas! ¿Qué estás escribiendo? No lo vas a entender ¿Por lo que dice? ¡Jajá! ¡Nooo amiga mía, por la letra! (silencio) ¿Tay pa la cagá amiga? ¡Bem! ¡Puít! ¡Tatití! ¡Anda a trabajar oye! (escobas en la calle) ¡Y cómo lo hací para irte temprano! ¡Mucucucú! ¡Amor! ¿Y qué es esto? ¿Qué es todo esto? La Posmodernidad ¡Chán chán! ¡Tzzz!

01/11/07

Microcuentos


Sin título

Día jueves, los vagones transportaban inusualmente a más pasajeros. Recuerdo haber divisado al psicópata sin uñas, la embarazada y una pareja coqueteando sensualmente. Abordé el tren junto a ellos. Las puertas de en medio del vagón no cerraron. Nadie se percató. Pude ver cómo aquella pareja junto a la puerta abierta se besaba. Ella sostuvo sus mejillas mientras él rodeaba su cintura. Jamás cayeron. La sensualidad bañó sus cuerpos de lujuria santiaguina. Hicieron el amor hasta que sus huesos enrojecieron. Nadie se percató. Siguiente estación y las demás puertas abrieron. Jamás cayeron. Descendieron para continuar en otro tren, para perderme.

Clase de Literatura

Buenos días señoritas. Buenos días profesor. ¿Han notado lo machista que en realidad el lenguaje es? Al hombre se le llama señor y a la mujer con el diminutivo de señorita. Pasa a ser señora únicamente cuando se casa, tiene hijos, plancha, lava, ama y se queda en casa. O sino, por respeto a la solterona.

Vicente Huidobro


Conversación. Expresión. Un compromiso. Una promesa. Un despido. Una leyenda. Un mensaje divino. Una catástrofe desde el infierno. Una discusión telefónica. Una daga. Una red de conquistas. Una bomba atómica. Acción. El descubrimiento de un nuevo continente. Persuasión. Una mentira. Señal de peligro. Información. Platón y Nietzsche. Caridad. La inquisición. Una magnífica forma de seducir. Hitler y la raza aria. Una confesión. Asesinato. Arrepentimiento. Redención. En un juicio, un veredicto. Culpable. Inocente. Un himno nacional. La visita de Juan Pablo II. ¡Fuego¡ Radio y fútbol. Tú, Vicente Huidobro. Galileo se retracta. “El adjetivo que no da vida, mata”

Sin título

Miró el arpa y decidió entonces introducir su cabeza entre las cuerdas para ver que sucedía. Con el arpa en la cintura se levantó y preguntó a todos: ¿Luzco bella ahora?, ¿me veo gorda?

03/10/07

Ella desnuda, ella desnuda, ella con fiebre, ella con tos

Con gran torpeza ella se quitó la parte superior del pijama y con gran maniobrabilidad ella mojaba los paños en agua con alcohol para disminuir su fiebre. Con lentitud ella se recostó sobre la cama, presa de un estado febril. Las mejillas rojas ardían y el abdomen caliente manifestaba la expresión de una fuerte gripe.

Ella colocó el paño frío sobre su frente con delicadeza, mientras ella vibraba al son del choque entre las temperaturas. Solo se había quitado la parte superior del pijama, visibles los paños en el abdomen que la retorcían de dolor óseo. Un paño sobre los pechos, los paños sobre cada articulación, los paños en las axilas, los paños en la pelvis.

Ella acariciaba con gran destreza. Paños en la nuca y sobre las mejillas. La fiebre la hacía lenta e indefensa. Ahí, recostada sobre la cama, yacía pálida, amarilla de tanto sedante que desgarraba su sistema digestivo entero.

Ella colocaba los paños fríos bajo las rodillas con sumo cuidado y entonces su pelvis descubierta se contrajo y las rodillas fueron rotas. La garganta bloqueada y el frío caliente la poseyeron. Se encontró completamente desnuda, caliente y con frío. ¡Fiebre!, ¡Mi cabeza!, ¡Mi garganta!, ¡Mis huesos!, ¡Mi estómago!

Que dulce fue sentir los paños helados haciendo contacto con la barriga febril. Que dulce fue encontrarse desnuda e indefensa sobre el colchón bermellón. Que fulgorosa fue esa gota de agua que recorrió los labios carnosos, pasando por la barbilla, el cuello y posándose en medio de sus dos espadas carmesíes. Ella lanzó un beso, ella calló, cayó. Ella desnuda, ella desnuda, ella besando, ella besando, ella febril, ella tosiendo.

Durante la noche todo fue diferente. Ella colocó las compresas frías con bestialidad, sin delicadeza o feminidad. Ella observaba los libros de su cuarto con recelo, miraba las máscaras con desagrado y las antiguas consignas con odio. Fijó su vista en la máscara de ojos delineados y labios con relieve intentando develar sus cimientos.

Ella fingió no ver, ella fingió estar bajo las compresas frías, lidiando con la fiebre. Ella colocaba las compresas con bestialidad, presionando la cabeza y la cuenca de los ojos hasta hundir la almohada marcando la silueta del cráneo por completo. Ella era observadora, ella era simple, ella había llorado, ella había amado.

Era medianoche y calculaba que su estómago había almacenado unas seis pastillas durante el día, sin contar el jarabe de horrible sabor. Ella estaba completamente sedada, lenta, drogada y sumisa aparentemente. Según ella, así lucía más cercana, más amable, más afectuosa. Según ella, perdía el carácter dominante, sarcástico y apasionado.

Dos pastillas a las diez treinta, una pastilla a las dieciséis treinta y tres a las veintidós treinta más el jarabe y las compresas nuevamente. De todas maneras podría asegurarles que ella sintió más y menos fiebre durante la mañana, desnuda sobre su cama. Mientras ella colocaba paños fríos en su espalda, relajando la tensión muscular, oliendo a alcohol, oliendo a medicinas. Durante la mañana la fiebre alcanzó su máximo punto y a la vez el mínimo, durante las once. Ella desnuda, ella desnuda, ella con fiebre, ella con tos. Solo se que ellas eran idénticas y que ellas distintas.

22/09/07

Solo una flor

Me han llamado hedonista. ¿Qué tiene de malo? ¿No lo somos todos acaso en alguna medida? ¿No somos susceptibles a los halagos? El placer puede emanar desde las profundidades, podemos recostarnos un momento sobre él, mientras se eleva. El inhalar oxígeno sin exhalar mientras se saborea el dolor abdominal y controlar las sensaciones son algunas de las cosas que he aprendido este último tiempo. ¿Qué tiene de malo fusionar el máximo goce al máximo dolor, un dolor que punza la espalda hasta erizar el último de los vellos? Algunos alaban a Dios, otros al hombre ¿Para qué?

Me ha asombrado, debo admitirlo, lo que he presenciado en estos últimos años. He visto a profetas concienciar la tierra y a imperios decaer. Uno de mis últimos encuentros fue con una especie de Cristo y aún recuerdo sus doce Principios. Aquí señalo uno que atrajo mi atención: “Las cosas están bien cuando marchan en conjunto, no aisladamente”, lo que me llevó a recordar a otros profetas que alguna vez señalaron que el esconderse en el prójimo, en la colectividad era útil para huir de uno mismo, siendo extraños para sí mismos: “No hay pariente más lejano que uno mismo” y creo que quizás esté en lo correcto.

Anoche en la casa del judío cientos de libros proféticos llegaron a mis manos, cientos de Biblias: “Humanizar la Tierra”, “El mensaje de Silo” más una copia de sus mandamientos. Otro de los que recuerdo es: “Si para ti están bien el día y la noche, el verano y el invierno, has superado las contradicciones”. ¿El día y la noche según quién? ¿¡Según Platón!? ¿Las contradicciones se superan?
Por favor observen, acabo de leer esto: “Siguiendo los pasos lentamente, meditando lo dicho y lo aún por decir, puedes convertir el sin-sentido en sentido ¿Es necesario?

“He aquí los llamados “Principios” que pueden ayudar a la búsqueda de la unidad interior” ¡Que profético!

He dormido con Silo por meses, he conocido su casa y he bebido café con él. Mientras más aprendo, más se acerca la posibilidad de cuestionarlo, de destruirlo. ¿No se puede acaso vivir sin sentido, solo disfrutando y sufriendo, sin sentido esto también?

No hablo de alcohol o sexo, no hablo de perder el conocimiento como algunos de mis conocidos, sino del placer de estar completamente solo, reunido con uno mismo. Hablo de la piel ocasional, hablo de mirar cuerpos solo por admirar. Erotismo y fatalismo, solo eso.

¿No es gracioso que un vaso de cerveza se trasforme en tu mejor compañero, bebido lentamente, mientras escuchas disparates como: “Francia no tiene mar”, “Las mujeres fueron hechas para parir”, “El hombre cuando puede y la mujer cuando quiere” y por último la frase número uno: “Mi descripción calza con la del Niño según Nietzscher ¡Atención! Nietzscher (con erre). En fin, ¡Riamos solos y escribamos en un sitio subterráneo!, algo como esto:

Vamos, no rehúses mi invitación. Soy una flor en medio del Jardín Secreto tocada por la garúa matinal. Mis pétalos violáceos son congelados por la lluvia cada frío invierno. Me pregunto cómo lucirá ahora mi rostro ¿Dónde estará mi rostro? ¿Tendré alguno?

El cielo desde aquí luce precioso. Los albores avivan mi delgado tallo completamente. Durante el crepúsculo me cuido de la escarcha dorada que amenaza con arrebatarme la vida sin antes haber amado. ¡Oh Dios, creo tener brazos fuertes para abrazar con sensualidad a cualquiera!

Imagino caminar en ocasiones entre los sauces alicaídos que me impulsan con su brisa, con el suave vaivén de sus ramas. ¿Deseas comenzar un affaire conmigo? Sé que sería irrelevante la forma de mi cuerpo en contraste con mis fragantes besos que podrían extirpar tus labios ¿No sería acaso así?

Imagino ser tomada entre las manos de un Dios, acariciada por sus dedos gigantescos, recorrida de pies a cabeza ¡Como ardería mi estambre! Mi polen cautivaría a cualquier bestia, especialmente a ti. En mi Jardín Secreto busco a mi flor gemela. Soy una amante sin brazos ni piernas, pero una buena forma de arder sería siendo mordida y cargada pálida entre los labios de algún monstruo que baile tango. ¿No sería excitante morir en un suspiro cuyo único propósito sea el amor?

¿De qué sirve recordar la historia? ¿De qué sirve recordar a Prat, Abaroa, Bismarck, Lenin o Bush? Unos dicen que la historia es cíclica y que responde a patrones comunes, que luego de períodos de anarquía se opone un período tiránico en todos los casos, en cambio, otros fanáticamente dicen que no, que es indeterminada ¿Qué importa? Los casquetes polares se derriten a un nivel estratosférico, las campañas medioambientales intentan proteger la tierra en decadencia, las temperaturas aumentan y las especies desaparecen ¿Ustedes visualizan la tierra en cien años más?

¡Oh Dios, alguien se acerca arrasando con todas las formas de vida a su paso; alguien ha ingresado al Jardín Secreto; debo esconderme de inmediato!

Veo que a mí se dirigen pezuñas, quizás dos, quizás cuatro. Un potro se acerca, pero no es un rostro común, sino una bestia aún mejor formada. ¡Oh, como quisiera besar los labios de la bestia semidesnuda que se acerca! ¡Cómeme!

Su mano se acerca y se desliza hasta mí, tomándome. La muerte al fin me abrazará, sus labios me cataran y podré haber amado antes de ser arrancada, antes de marchitarme, después, solo seré trozos de hojas y pétalos rugosos. Mi piel perderá su suavidad exclusiva, mis poros dejarán de respirar, pero al fin podré haber amado ¡Vamos bestia, arráncame de una vez!

17/09/07

Neo y Sigmund Freud

Siempre me ha dado la impresión que los padres juegan a ser Dios con los hijos propios. Ese deseo tácito de manchar a un nuevo ser en la medida que sea idéntico a sí mismos. Probablemente esta es la primera vez que logro materializar tal idea a través de la escritura. Todos sus miedos, todas sus debilidades deben ser superadas en la propia descendencia consanguínea y hoy por poco no pude resistir la tentación de caer en la decadencia de aquel precepto.

Durante la tarde me topé con un niño temeroso en la entrada de una gran casona. Era víctima de lupus y algunas enfermedades óseas. Utilizaba un corsé para corregir su espalda, un pantalón de mezclilla y una camisa roja. Su voz parecía madura a pesar de sus cinco años. El dolor era parte de sus expresiones, de su completa cara. Por un momento recordé a Frida Khalo y le pregunté:

- ¿Te gusta pintar?
- Si - me respondió.
- Entonces te traeré lápices, pinceles, pintura y algo adecuado para trabajar la próxima vez que nos veamos – agregué.
- ¿Quién es Frida? – preguntó con algo de extrañeza al escuchar un nombre tan inusual.
- Una pintora mexicana muy famosa hace algún tiempo. Utilizaba, al igual que tú, un corsé, sin embargo, pintaba de maravilla, solo sobre ella, sus desamores, sus encantos y la columna rota que siempre llevaba consigo misma – dije algo entusiasta y dejándome llevar por la pasión levemente.
- Tráeme pinceles entonces.

Ya en el patio abrí mi cajetilla, saqué un cigarrillo y lo encendí. Algo llamó mi atención intensamente. El niño no traspasaba cierto límite entre el pasillo que conectaba la sala de estar con el patio céntrico de la antigua casona. Tenía miedo de cruzar la frontera y miraba mordiéndose un dedo la comida sobre la mesa. Me acerqué y pregunté:

- ¿Qué ocurre?
- No me gusta el patio. Desde pequeño no me agrada – Respondió sumamente agobiado.
- Acompáñame, ven – Dije con tono suave mientras le tomaba la mano.

Entramos a la sala de estar y le pedí que se recostara en un sillón. Que tontería, me sentí por unos instantes como Sigmund Freud. ¡Solo tenía diecisiete años, ni siquiera podía entrar a bailar a una discoteca! Freud…si claro.

- ¿Por qué no te gusta salir al patio? – pregunté con algo de curiosidad.
- Porque allá afuera se esconde un viejo asesino que nadie más puede ver.
- No hay nadie. No estaríamos allá afuera si hubiese algo que pudiese dañarnos. Además está tu madre y tu padre que por ahora son Dioses que te protegen - dije con algo de risa, sonriendo frente ante tan pueril, pero tierna fantasía.
- Es que está en otro país ahora.
- ¿Cómo puede dañarte entonces si está tan lejos?
- Porque viajará para entrar solo a esta casa.
- ¿Con qué dinero? – pregunte al final intentando organizar sus pensamientos.

El niño calló por unos segundos mirándome con gran desconcierto, pero parecía no comprenderme. El asesino del patio trasero era más poderoso que mis básicas preguntas, más poderoso que yo mismo. Imaginé qué sería de mis propios hijos, si tuviese en el futuro. Seguramente les enseñaría muchas cosas, todas las que no supe en momentos verdaderamente cruciales de mi infancia, de mi adolescencia. Intentaría hacerlos fuertes, parecidos a mí, pero retocados completamente, mil veces más fuertes que yo. Evitaría sus propios sufrimientos por amor. Es ahí donde me dije: “Oye, no tienen porque ser idénticos a ti. Deberán buscar las respuestas por sí mismos y fracasarán como muchas veces tú lo has hecho. Quizás sean muy opuestos a ti, pero ¿Será soportable el fracaso en nuestra figura de barro? ¿Es necesario proyectarnos a través de los hijos? ¿Es inevitable el fenómeno de sentir la carne de otro como nuestra e intentar tatuarla con nuestros sellos personales? ¿La sangre que se concibe una de tantas noches debe contentarnos y honrar a padre y madre? Es inevitable proyectarse en los hijos. Algunos padres imaginan que viven nuevamente, que vuelven a ser niños, que son adolescentes otra vez más. Si tan solo se tuviese la misma experiencia de los cincuenta a los diecisiete sería todo distinto ¿No?”

Cuando Dios intentó proyectarse a través de sus hijos, Adán y Eva, prohibiéndoles o permitiéndoles ciertas cosas, no predijo seguramente que la desobediencia es parte de lo que Él mismo llama pecado. Las prohibiciones siempre acaban mal y dentro de las opciones estaba el perdón que Él encabeza. Podría no haberlos expulsado del paraíso, por ejemplo. Muchos otros Dioses han dado vida proyectándose, anhelado poblar la tierra, impulsado por el mismo precepto del Dios Católico. “A su imagen y semejanza” fueron creados y a Dios se le llama Padre. En todas las mitologías, Ídolos intentaron crear a su antojo nuevas criaturas.

Eso me llevó a recordar a Odín, quien luego de la creación del mundo vio dos árboles a los cuales decidió dar vida y respiración. Creó al hombre y a la mujer, la estirpe de los humanos. Les dio alma y varias funciones más. El primer hombre, Ask, y la primera mujer, Embla, luego tuvieron vida y fueron libres, habían recibido el don del pensamiento y el del lenguaje, la capacidad de amar, la capacidad de la esperanza y la fuerza del trabajo, para que así gobernasen su mundo dando nacimiento a una raza nueva, sobre la cual los Dioses, estarían ejerciendo su amparo, su potestad permanente. Cuan infelices fueron sus troncos luego de perder la inercia, pero ya fuera de mis pensamientos el niño me confesó:

- No me gusta salir. Además tu familia no me agrada. No me gusta saludar a la gente.
- Somos dos - le dije - pero no tienes que saludar si no lo deseas. Recordando en ese momento que al llegar a la gran casona traía consigo unos lentes de sol y dos pistolas de juguete.
- ¿Has visto Matrix? – pregunté intentando subsanar su preocupación. Era tan solo un niño que produjo en mí una ternura que pocas veces me invade.
- No, ¿qué es eso?
- El protagonista es una clase de agente que porta lentes obscuros y dos armas como tú. Es tan rápido que puede incluso esquivar balas, atraparlas.
- Ah, pero tiene músculos seguramente. Por eso es tan rápido y jamás podré entonces ser así de rápido.
- Te equivocas – sentencié – Si tuviese demasiados músculos sería lento y pesado como Hulk. El agente es tan delgado como yo. Se llama Neo.
- Pero yo uso corsé y eso me hace lento – respondió con desilusión.
- Pero puedes ser tan rápido como Neo y pintar tan bien como Frida. Solo utiliza la imaginación, acrecienta tus habilidades. Tienes dos armas, unas gafas y el corsé que por ahora es parte de ti. Te traeré pinceles, hojas y lápices. ¿Por qué no puedes ser una mezcla de ambos?

El silencio fue rotundo y me dejó en la sala de estar completamente solo. Había fracasado mi estúpido intento de ser Freud por unos momentos. La psicología no era una de mis grandes habilidades. Ya en el patio vi que se acercó al límite que él mismo de forma tan ascética se había creado. Me miró y le guiñé un ojo susurrando a lo lejos un “ven”. Tardó cerca de media hora en salir al patio. Corrió temeroso a los brazos de su madre con las gafas puestas. Luego se acercó a mí, pero esta vez con una hoja, un lápiz verde y sus bolitas de chocolate. Me miró y preguntó:

- ¿Tienes barba? – tocándome la pera con su pequeño dedo índice y haciéndome mirar el cielo.
- Si y también tu tendrás algún día.
- ¿Bebes cerveza? – preguntó con gran impresión apenas bebí de la lata medio vacía.
- Si, también, pero basta de preguntas.

Me miró de una forma extraña y luego preguntó si podía sentarse a mi lado. Claro que si, respondí. Cuando ya había terminado el muchachito no estaba. Me acerqué para ver qué había dibujado. Al comienzo me produjeron una enorme gracia los trazos que vi en la hoja manchada y arrugada por su poco cuidado. En el dibujo vi a dos jóvenes, uno alto que portaba lentes de sol y una escopeta. El otro era más bajo pero también portaba lentes de sol, dos pistolas y un abrigo de cuero. Llevaba debajo del abrigo un corsé.

14/09/07

El hombrecito de bata blanca

En aquella entrevista con el cirujano había quedado todo resuelto. El pequeñito hombre de bata blanca parecía honesto, de cejas extremadamente marcadas. Me inspiraba confianza a pesar de haber oído comentarios que no avalaban en lo absoluto mi impresión. Ese día había quedado estipulada la fecha para mi asistencia al quirófano. Debían extraer una de tantas muelas que punzaban mi mandíbula.

El miedo al quirófano era algo natural. Imaginaba que sería doloroso, un malestar prolongado más una leve gota de muerte. Siempre cabía la posibilidad. Sin embargo, esta no era la ocasión, siendo una operación sencilla, de corta duración y solo un diente rebelde.

Una serie de inconvenientes me obligó antes a posponer por demasiado la cirugía. Mi madre lo recordaba cada vez que tenía oportunidad. Sermoneaba sobre mi salud y el poco cuidado que mantenía con mi cuerpo. En realidad jamás le presté atención.

La extracción de una muela era irrelevante frente a todas mis planificaciones. Aprendía de la colectividad, más bien, la estudiaba. Puertas a dentro me dedicaba por completo a disfrutar de besos y exquisiteces. Mi vida era demasiado intensa como para prestar atención a lo innecesario, a lo que no me apasionaba. Mi madre a pesar de todo insistía rotundamente sobre mi asistencia al quirófano, pero mis pensamientos se hallaban en otros lugares, en obras de teatro, libros poco explícitos, reflexiones, la bohemia, mis cigarrillos y tú.

Todo parecía tranquilo y apacible. Es necesario de vez en cuando disfrutar del orden logrado, de los procesos que nos conducen a nosotros mismos y cosa que naturalmente mi madre no comprendía. Tenía demasiadas cosas por hacer y el clásico tufo a guantes de látex, artefactos metálicos y el aroma a vejez de la secretaria demente senil tras el escritorio, me provocaba un terrible dolor de cabeza cada vez que asistía a la consulta. Mi estómago se contraía cada vez que la camilla bajaba su respaldo mientras el doctor sonriendo con tenedor y cuchillo en mano decía - Abre –

Definitivamente el dentista no era lo mío. Además no tenía grandes afecciones a mi parecer, solo una dentadura limpia, normal y casi perfecta con excepción de los pequeños monstruos blancos que me invadían, mis muelas. Incluso el nombre llega a ser paradójico y gracioso al mismo tiempo. Las “muelas del juicio” serían algún día los jueces que decidirán nuestros destinos, que estupidez. Me pregunto quién les habrá dado ese nombre.

Estaba pendiente de otros fenómenos restándole atención a lo que me rodeaba. Todo iba de maravilla, el mundo giraba conmigo, la adolescencia era lo mejor, lo que jamás regresa. No deseaba ser un amargado hombrecillo de bigotes, arrítmico y víctima del descontrol como muchos, presas de su trabajo.

Es divertida la forma en que puedes acostumbrarte al dolor y las lágrimas. Existe lo que algunos llaman la barrera del dolor y yo ya había alcanzado la frontera de la mía tiempo atrás, pero es algo de lo que en esta ocasión prefiero no hablar. Por otra parte tenía demasiadas expectativas sobre el futuro. Había deseado ingresar a la Universidad de Chile postulando a medicina, aunque deseaba ser todo, excepto cirujano, carnicero. Mis calificaciones eran prometedoras. Mi familia entera contaba ya de ante mano con un médico de cabecera. Por lo menos a mí me parecía divertida la escena de mi familia soñando como si viviesen mi propia vida. En algunos lugares, las familias colocan todas sus esperanzas en sus propios hijos. Una extraña mezcla entre lo que desearon alguna vez ser y el orgullo por la propia descendencia superior. No obstante, era indiferente ante aquella conclusión.

Llegó al fin el día de la cirugía. Todo el proceso me provocaba una feroz indiferencia comparado con la mínima expectación de estar ahí, en la sala de espera. Ya en la sala de cirugía, me disponía a ser descuartizado. Sentí por alguna extraña razón miedo por la interrupción de lo espontáneo, mi propia espontaneidad. Colocaron un cobertor blanco sobre mis ropas mientras la luz insípida se erigía sobre mi cabeza. El médico colocóse los guantes a medida que reía mientras algo le susurraba a su ayudante. Todo el proceso me provocaba un terrible escozor en los labios.

Ya directamente en la cirugía, la anestesia había provocado una tenue sequedad en mi boca al tiempo en que una extraña manguera succionaba mi saliva. La anestesia me provocó luego cierto sopor, pero aún me mantenía conciente. Sentí el bisturí clavado en mi encía para luego presenciar la extracción de un antiguo pasajero a manos del carnicero. Con una especie de pinza extrajo mi diente gritando – ¡Muy bien, ya está! ¡Te ganaste una golosina! –

Ya limpiando la escena del crimen la sangre no se detenía, pero en teoría era algo natural y fácil de solucionar. El doctor colocaba compresas para detener la hemorragia intentando coser con delicadeza el corte que luego le desfiguró el rostro gradualmente. La sangre no se detenía y parecía el doctor haber clavado su punzón justo en el lugar más sensible, capaz de desangrar rápidamente a cualquiera.

La sangre corría y corría por mi garganta ensuciando completamente el trabajo. Recordé a mi madre insistiendo por la operación. Me preguntaba qué diría luego por aquel incidente. Probablemente insultaría al médico por su negligencia con ese tono mandamás para luego llevarme a tomar helado a Bravissimo. Supuse que despertaría, que todo estaría bien. Pensaba en cuanto odiaba pensar en los cirujanos, en la muela del Gran Juicio, mi Gran Juicio. Pensaba en mis sueños, en el sueño que tendría ahora antes de despertar en la camilla. ¡Cómo algo tan pequeño podía arrebatarme la sangre de esa forma! En realidad sabía que todo estaría bien solo por beber mi propia sangre en la consulta, lo que seguramente devolvería a mi cuerpo los fluidos. Poco a poco comencé a dormir, poco a poco dejé de sentir las manos, a olvidar la postulación a medicina. Dejé de sentir el charco de sangre corriendo por mi garganta, descendiendo hasta mi esófago.

08/09/07

Adán, Eva y Hesse

Imaginemos por un segundo que soy una fuente, pero no una fuente común, receptora de falsas historias y relatos comunes a lo contemporáneo, sino una fuente llena de sangre vivaz, extremadamente roja y cristalina. Imaginemos que te acercas entre los edificios cautelosamente. Tu objetivo: Beberme lentamente.

Desde la más grande creación he seguido mi destino. La colectividad añeja me ha llevado únicamente a la individualidad irremisible. He sido bebido durante estos últimos días de la forma más delicada.

Los grandes maestros se diezman ante el huracán de mi curiosidad. No creo en las casualidades, sino en la búsqueda del destino. Eva ha sido la guía que portan mis hojas hace ya un tiempo. Es curioso, pero siento en cada callejón la presencia de Adán y Eva, ambos con el tatuaje en sus frentes. No soy superior o afortunado, tan solo he descubierto la señal de Caín sobre mi frente que continúa delineándose. Días de reflexión se viven, días de soledad involuntaria a la que ya me he acostumbrado, a la que me he vuelto acostumbrar en solo horas. El compasivo, el herido y el extraviado son algunos de los papeles que me han guiado hasta ustedes dos. ¿Acaso recibiste tú, Adán, mi llamado desde el sol? Si, mi espíritu necesitaba auxilio, pero creí que sería demasiado humano llamar tan explícitamente ¿A qué viniste? ¿Fue acaso tan poderoso mi grito tácito?

A pesar de todo acudiste a mi presencia entre la colectividad apagada ansiosa por el mar. ¡Qué feliz fui!

Quizás aún no entiendes Adán que junto a mi compañía las defensas son innecesarias, ¿Olvidaste acaso que llevamos la misma marca?

Demian dejará a Demian reflexionar mi querido Hesse. Demian reflexionará puesto que me es imperioso continuar vulnerando el cascarón, mi propio cascarón.

Olvidaba que ahora eres compasivo y piadoso ¿Cómo? ¿Luego de nuestra última cena?

Herman Hesse estaba en lo correcto. Cada uno debe buscar el camino que lo guíe a sí mismo, buscar su propio destino. La colectividad añeja, es decir, el instinto gregario, el rebaño o la manada, convocan a la individualidad. Quizás las cosas han cambiado desde las Dos Grandes Guerras. Ya la colectividad como refugio ha caducado. Eva me reveló otro de sus secretos en tu ausencia y deslumbrantes ante mi incrédula seguridad, para mi trágico desenlace. Si analizamos el mundo que nos rodea ¿Podemos establecer la presencia absoluta de la soledad si consideramos su significado etimológico? Las comunicaciones y la tecnocracia aseguran fielmente la constante cercanía y compañía de lo que deseemos. Sin embargo, la colectividad colosal de antaño se desgasta. La colectividad se dispersa. El resultado: La individualidad enajenada. Si bien antes podían ser ellos rumiantes fáciles de guiar, pero que se comunicaban entre sí con el único propósito de un mundo mejor reproduciendo lo permitido, ahora vuelve a ser el mismo grupo de rumiantes cuya única diferencia radica en que sus cuerdas vocales han desaparecido. Es mejor la individualidad enajenada, pasar el dominio de nuestro destino a otro. Es mejor la colectividad alienada, el generar obligaciones morales. ¿Acaso no existe ningún otro camino? Naturalmente, la individualidad es el camino, el camino hacia sí mismo. No obstante, la individualidad elemental debiese buscar el equilibrio entre lo masculino y lo femenino, lo divino y lo demoníaco. Abraxas, Mishima, Demian, Juana de Arco.

La diferencia radica en esto: Un empleado bancario, solitario, que bebe cerveza en abundantes cantidades el fin de semana, que trabaja de lunes a viernes hasta poco después de las ocho de la noche, víctima de las inclemencias urbanas y que aún así cumple a cabalidad los ritos de su trabajo como algo sagrado, genera sustento para una familia circunstancial. En efecto, se es llamado necesariamente a la individualidad, pero también a una clase de enajenación.

¿Las discotecas no logran ahuyentar tu soledad? El ser colectivo huye de la soledad, el individuo enajenado duerme bajo ella imperceptiblemente, nosotros, los marcados por la chispa de rayos, llegamos a cortejarla e incluso besarla.

Son tan pocos los que llevan la señal, tan pocos de los que puedo aprender diariamente, tan limitados numéricamente. Agradezco infinitamente a quienes me han revelado sus propios jardines secretos. Algunos de ellos ya están ad portas de la muerte, otros recién comienzan a poner en práctica sus talentos, perfeccionándolos. No conozco todos los secretos que se esconden tras la muralla, pero siento aún el martillo entre mis manos transpiradas, golpeando los barrotes. Todo es calma y ya son suficientes los que ya he derribado, pero deben saber que el apetito provoca también una sed categórica.

Hay quienes enseñan solo por el acrecentamiento de su diminuto ego. Admito que la terapia cumpliendo el rol de educador da excelentes resultados. Hay quienes enseñan bajo el yugo de la colectividad. Abuelos compasivos que no pueden reconocer la señal, que tampoco la poseen. Pobres mártires, gente “buena” para dicha colectividad, personajes que desean la paz mundial intentando evangelizar la tierra. Desconocen que el mundo avanza hacia su destrucción sin prórroga alguna. Debemos reconoces que es admirable la entereza del mártir, la consecuencia de sus acciones, la mancha de sangre en la historia, pero amigos míos, prefiero en cada caso la coherencia solitaria. Hay por último quienes enseñan soledad, quienes poseen en la frente el grabado de la superioridad y debo aceptar me es un tanto extraño el que sean hasta ahora solo mujeres ¿Dónde están los falsos amuletos machistas? Al mismo tiempo quienes poseemos el grabado sabemos reconocernos, llamarnos y solo una vaga entrada al salón es suficiente para distinguirse. Hay quienes enseñan soledad y solo a quienes ostentan la marca acariciando los cabellos del estudiante patentado por el destino que escoge. ¿A quién más podrían ellos enseñar? Mis contemporáneos son un ganado difícil de divisar que cada día se evapora en el horizonte.

La primera vez que percibí la marca en otro, la mía era casi imperceptible. Solo un año de huracanes me tomó levantar la cabeza altiva luciendo la marca de Caín al estilo de los pavos reales. El deseo ferviente de enseñar lo que había ya deducido me llevó a caminos enamoradizos, superfluos y fugazmente agradables. Conclusión: Los bebés no son lo mío. La marca de Caín se lleva en la frente, si no se lleva consigo mismo se es imposible obtenerla, es decir, me fue imposible grabarla en otro ¡Cómo no haberlo visto antes! No somos vacas que se exportan, que se pueden estampar con nuestro propio sello.

He notado la diferencia entre los beatos y los parricidas. En un salón repleto de animales el beato será ignorado, vejado y aniquilado porque así lo desea, mientras el asesino disfruta del silencio que marca con el ritmo de su paso espontáneo. Todos suelen verlo con recelo y de una forma morbosa. Si, somos parricidas, me enseñan parricidas y mi compañía es la de un parricida. Dios ha muerto, nuestros ancestros y la historia han muerto, la propia casta ha muerto, algunos maestros mueren con el tiempo y solo los altos pueden ubicarse de forma privilegiada en las butacas de nuestra sala de entrenamiento.

Así ha sido la historia del maestro célibe, del asesino, del solitario amarrado, del pastor añejo, de ustedes los solitarios criminales, de nosotros, sus aprendices.

Las imágenes de Cristo y el Che Guevara atestiguan la comercialización de la colectividad ya perdida ¡Se ha llegado a vender la colectividad alienada a los individuos enajenados! ¿Hacen ellos algo por recuperar su colectividad pasada, añorada al mismo tiempo? Es curioso, pero deben creer que una imagen bastará para conocerse a sí mismo.

Lo gracioso es que la tragedia continúa y el mundo avanza hacia la hecatombe. ¿A quién le interesa mejorar la especie? ¿A quién le importa cambiar el mundo, si éste, ya tiene fecha de vencimiento?

Luego, vi una nueva tierra y un nuevo paraíso, pero esta vez el trono había desaparecido. Esta vez Dios no habitaba con los hombres. La muerte sería vencida, la historia marcada y cada loco se entretendría con su propia demencia. Lo que aquí se ha dicho, cuestiónelo el hombre.

20/08/07

Brünnhilde

Ayudaba a mi padre a cortar madera esa mañana. Me había quitado la camisa para secar el sudor de mi pecho y así poder continuar mi trabajo un poco más aliviado. Con el hacha en las manos, levantaba con fuerza los brazos para el corte preciso. Continué sudando hasta que decidí detenerme, descansar un momento. Me dirigí a casa por un poco de agua y poco antes de entrar, sentí furtivamente una mano que tomó mi pantalón, rodeando mi cintura masculinamente mientras me elevaba del suelo a gran velocidad. Solo pude gritar de la impresión y lo boquiabierto que me dejó aquella situación, sin saber qué pasaba.

Ya en los cielos, la fuerte y desconocida mano atada a mi cintura se transformó en un acalorado y femenino toque. Una valquiria había despegado mis pies desde la superficie. Atónito pregunté su nombre y qué pasaba. Su musical voz respondió – Brünnhildetranquilízate, te llevaré a un lugar fascinante.

Sobre su criatura y entre las nubes verdes, rodeó mi cintura colocando sus manos en mi abdomen, escarbando sutilmente mis entrañas, la región de mi ombligo, mientras de forma maestra, respiraba lentamente en mi tímpano. Los latidos de mi pecho aumentaron ante la expectación de lo que aquella valquiria deseaba enseñarme. Acarició mis negros cabellos besándome el cuello, marcando sus dientes en él.

Ya casi al atardecer y mucho antes de la desaparición solar, descendimos cerca de un lago totalmente desconocido para mí. Amarró a la bestia mientras reía y cantaba. No sabía qué hacer en aquel momento. No sabía si huir o definitivamente quedarme. Dio siete pasos, ubicándose justo frente a mí. Sus labios no rozaron jamás los míos. Luego, divinamente, colocó la mano en mi cintura para besarme con gran pasión.

Era de familia simple y campesina, sumándome a la marcha de lo imberbe. Más adelante, la valquiria retrocedió dos pasos para quitarse la parte superior de su armadura. Fueron los primeros senos que cenaba, que deleitaron mi mirada. Eran maravillosos, deslumbrantes. Sus hombros relucían por el reflejo corpuscular de la luz en el agua. Sus caderas perfectas le atribuían aquella perfección que mata.

Quitó luego la parte inferior de su armadura dejando al descubierto los pliegues fuentes de fruición y vida. Sus atléticos glúteos la hicieron aún más codiciada a mi temprana edad, a mi ignorante edad.

Caminó despacio dirigiendo sus labios a mi oído susurrando – ven – para luego sumergirse en el lago durante un largo tiempo. No la veía salir a la superficie nuevamente para respirar, lo que me preocupó de sobremanera. Luego de unos minutos, mientras ya la perturbación me apresaba, salió nuevamente a la superficie riendo. Sus ojos eran extrañamente llamativos, su tez invitaba a lo libertino. Me quité el pantalón, la única prenda de ropa que me quedaba antes de ser recluido. Ella nadó a buscarme hasta la orilla del lago. Ya en el agua, pude distinguir perfectamente entre la temperatura fría del agua y la carnal temperatura de su sexo.

Hicimos el amor bajo el agua, sin oxígeno. Luego nos revolcamos en el pasto, bajo el sol, mientras mis manos exploraban el mapa de sus poros. Enloquecimos venciéndonos en el herbaje. La bestia fue nuestro único testigo. Nueve veces pecamos aquella tarde de sol, mientras vejaba mi campesino cuerpo. Era levemente más alta, una mujer acariciando al niño campesino. Aún cargo sus pisadas sobre mis muslos.

Finalmente me quedé dormido, recostado sobre sus pechos. Somnoliento veo que toma su armadura. Aún desnuda enfundó su espada, montó el caballo y se elevó nuevamente hasta las alturas, pero esta vez sin mí.

Me quedé en trance sobre el pasto, aún mojado por el agua, el sudor y su sangre obscena en mí. La vi alejarse rápidamente mientras me preguntaba cómo volvería ahora a casa, estando tan lejos, tan corrupto
.

18/08/07

Láquesis

La jaqueca me ha despojado de los brazos de Morfeo. La mucosidad verde invadió mis huesos y debo aceptar, cabizbajo, que mi personaje se vio amenazado en el ascensor. ¿Nunca has sido la sombra de alguien? ¿Nunca has sonreído mostrando los dientes dispuestos a desgarrar?

Hoy me topé con Láquesis, una de las tres Moiras. Sus promesas cautivaron a los necesitados. Con sus manos prometía dirigir el futuro, componer la sonata del alivio andrógino y saciar el hambre. Me uní a los necesitados solo para contemplar la belleza de la pequeña Luz, desde el silencio y la sutileza.

Intenté ser bufón, romántico e indiferente, logrando solo hacerla resucitar breves minutos. Me aterró su intermitente caminar. Ya junto a Láquesis intenté mantenerme espectador. Dirigió su mirada fisgona interrogando a los necesitados, sin sospechar que yo no era uno de aquellos buscando pan para comer. Robó uno de mis secretos profanando el altar. Aquello, significó la guerra ¿Contento? La luz ensordecedora me abrazaba de forma agraz y dulce a la vez, amándome para luego arrebatarme su intensidad.

Ya en el escondite, Láquesis se nos confesó e intentó robar más de nuestros secretos. Sus ojos escondían demasiado y sus historias me parecieron simuladas. Sus trofeos eran ilusorios.

La ayuda jamás vino. El viaje en ayuno, irrelevante para mi fortaleza y el amor que profeso a los hombres y mujeres de este mundo, dejaban mis labios cubiertos de moscas. Me alejé de la Luz ¿O ella de mí?

Láquesis felicitó a la Luz por la hermosura de mis helénicas facciones. Hubiese deseado que aquellas palabras fueran solo mías. ¡Me honra la Luz en mis ojos!

Te contaré un secreto guerrero. El secreto de la belleza radica en los secretos de la Belleza. Belleza con la que dancé hasta la madrugada. Hermosa, extraña.

Desde el absoluto comienzo la Belleza había robado algunas de mis colosales espadas. Honestamente, se las había regalado en mi jardín, en mi cama, entre la música, en el carnaval de verano. Odié a la Belleza por un instante, el orgullo herido, mi propio reflejo y no el suyo ubicado en el espejo frente a mí al acercarme.

Al continuar nuestro viaje me despedí cínicamente de Láquesis, sus hilos y el ego que los acompañaba. Su inútil ayuda a los necesitados me irritó. La Belleza lejos de mí y la jactancia de la vidente me irritaron. Tenía celos de Láquesis. Coqueteaba con mi Belleza amante. Su horrible rostro anhelaba algo, no sabía qué precisamente. Sus fétidos harapos provocaron repulsión haciéndome bajar la mano hasta la funda de mi espada en señal bélica. Debo admitir que la Belleza me ha dejado antes. Ella se había dirigido al norte, yo al oeste. Jamás la perdí de vista, hasta que decidí nuevamente hablarle, tentarla para escribir en mi alcoba y finalmente terminar en la cama.

Entre el humo y Terpsícore ya la Belleza me había rescatado antes de las manos de cazadores ingenuos, que confunden a la víctima con el victimario. Recuerdo que ya a salvo abracé a la Belleza, empujándola contra la pared para seguir danzando entre travestis y ladrones en el bus. Aquella noche durmió entre mis manos y la música erótica de la Reina bisexual.

Amé despertar al otro día y suplicarle que continuara quitándome la castidad, los secretos, mi cama. Odié verla lejos, recibiendo caricias de Láquesis, sintiéndola incómoda, vacilante, hambrienta. ¿Contento?

12/08/07

Venustatis

La noche de viejas brujas y celadores fue fugaz. Todas ellas se habían reunido en aquella caverna, sentadas sobre los bejucos saturados de bálsamos y cigarrillos. Se preparaban para la fiesta. Relataban su pasado jactándose de aventuras añejas y sin sentido. Me pregunté si alguna de ellas conocía los divinos secretos de la belleza.

Ahí estábamos ambos, sonriendo eternamente, escuchando el silencio del bosque rojo y verde mientras las brujas balbuceaban sus rústicos secretos. No las escuchamos. Solo jugábamos en los árboles, en las nubes con los búhos de testigo.

Para recorrer el mundo escapamos de las brujas locas y nos encontramos con ogros ahogados en botellas de vino, carruajes ilegales de hombres mitad humanos mitad bestias.

Mientras mis letras se inmortalizan, la lluvia corroe la tinta enloqueciéndola como esa noche en mis aposentos enloquecí. Aprendiz de carne. Cuerpos desnudos ocultos de los cuervos y observados por las ninfas protectoras de nuestra humanidad, Humilis y Superbia.

Aquella noche me arrojé. Fui alumno del calor y los besos. El amor y el placer son dos solitarios ¿Lo sabías? Te amo. Eso no puede ser mencionado aquí ¿Lo recuerdas? Es verdad. Lejos de brujas locas, ogros, cuervos y ninfas todo cambió. Cuídate viajero del ogro que derriba puertas y los carroñeros que roban bufandas ¿Te asustaste?

Aquella noche dormí plácidamente entre tus brazos y la hierba para la mañana siguiente verte partir sigilosamente. ¡Cuidado divinidad! Las puertas suenan al partir.

10/08/07

Lujuria

Cual inmaduro feto me vi envuelto entre las sábanas de mi alcoba saboreando tu ombligo para perderme entre los húmedos pensamientos de la sangría que calmó mi fiebre. La oscuridad y el sonido de las lanzas espartanas erizó aún más mi piel al momento en que descendiste hasta mis tobillos. La curiosidad del juego clásico de la piel.
Debes saber que soy susceptible a las tocaciones que me ahogan con la almohada sobre la cara asfixiándome en tu sexo. Tras la cerradura de mi puerta se esconden las más ambiguas historias que masturban mi rígida memoria. Callemos mientras el pecado nos baña de sangre impía.
Nuestras manos pronto descendieron hasta los exquisitos manjares dueños de vida y que tanto se rozaron bajo la pálida frazada testigo de lo desconocido e impuro. Las ingles encajaron a la perfección, mojadas por la lluvia y el sudor de las espadas persas que aquella tarde de telón cerrado oímos, para masticar y clavar mis dientes en tus trozos de pálida carne.
¡Que las manos no se detengan y tu boca en mis muslos no se despegue!
Hambre de tu sexo fuerte entre la fría nieve que se derrite ante tamaña escena condenada por Dios.
¡Desafío a la Gran Perra amante de niños y practico el amor a la piel!
¿No es esto acaso el Ars Erotica?

06/08/07

A Mishima y la sombra de Natsu

"Este arduo y fructífero trabajo va dedicado con especial y eterno agradecimiento a dos mujeres que son realmente inspiradoras para mí: La profesora Marlene Ángel, quien durante este corto período de tiempo me enseñó cómo inspirar a mis futuros alumnos en el proceso constante de aprendizaje-aprendizaje, siendo la humildad, la cercanía y las relaciones humanas pilares fundamentales de la educación. Al mismo tiempo agradezco a la profesora Natalia González, quien durante ya dos años me ha enseñado los detalles más sabrosos de la existencia, a cómo gobernar desde las sombras, a despertar mi pasión por la filosofía y el no olvidar que todo es una eterna celebración, celebración y baile. Ambas mujeres excepcionales y admirables por mis adolescentes ojos, más allá de la jaula de clases.
Agradezco especialmente a Patricio y Bryan, quienes son dos locos como yo, que comparten mi cosmovisión haciéndome crecer profundamente en cada conversación informal. Agradezco compartir junto a ustedes cada segundo de cuestionamientos y el enseñarme grandes detalles que muchas veces pasan desapercibidos. Me declaro aprendiz de todos ustedes."
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Profesora responsable: Marlene Ángel Bruna.
Equipo: Francisco Larrañaga Aguilera.
Patricio Reyes Villalón.
Bryan Seguel Gutiérrez.
Texto escogido: Confesiones de una Máscara, Yukio Mishima.
Número de palabras: 1769.
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A Mishima y la sombra de Natsu

“El excremento simboliza la tierra, y no cabe duda de que fue el malévolo amor de la madre tierra lo que me tentó. Tuve el presentimiento de que en este mundo se da un deseo de especie tal que es como un punzante dolor.”

Yukio Mishima, Confesiones de una Máscara.


Aunque no quieras creerlo, a nuestra llegada somos como carne fresca, inmaculada y pura, que con el paso del tiempo se viste de pestilentes trajes descompuestos.

Tu infancia, desde temprana edad, bajo el yugo y la presencia dominante de tu abuela fue tatuada de flagelos profundos en tu pecho tierno, cristalino y canijo de forma involuntaria. Tú, creación de la neuralgia crónica, rezaste todas las noches a los santos samuráis para que envolvieran con su fuerza tu enclenque caminar, dejaste que entraran en tu cuarto y danzaste con ellos en batalla: “Me habían entregado, por así decirlo, un menú completo de todos los problemas que tendría en la vida, cuando, por mi corta edad, todavía no podía leerlo” (1). Directrices tales predijeron tu existencia, el arte y la búsqueda constante de la armonía hecha acción, traducida al final, en tu muerte samurai.

Tradiciones... eso cenaste por doce años en su compañía. Admiraste a los nobles que te anteceden sin que viviese en ti su sangre, imágenes brillantes de un pasado glorioso en tu tierra. Creciste entre sillones imperiales rotos, y más que ser su dueño, se adueñaron de tu mirada rígida, de tu pálido color.

Antepasados que te arrebataron anónimamente el cuerpo después de dejar el vientre de tu verdadera madre, instruyéndote mediante su milenaria filosofía. Te hicieron un guerrero, así es, y sin que pudieras tomar pistas de lo ocurrido, comenzaste a sentir como Natsu, a pensar como Natsu, a ser Natsu. “El joven ha permanecido fijado a su madre, en el sentido del complejo de Edipo, durante un lapso mayor del ordinario (...) luego llega el momento de cambiar a la madre por otro objeto sexual, y entonces (...) el joven no renuncia a la madre, sino que se identifica con ella, se transforma en ella” (2). “El proyecto deliberado de esta abuela omnipotente es transmitirle una filiación a su nieto, que redima de alguna forma la insuficiencia de la alianza que presidió la real filiación.” (3).

Y es ésta una de tus tantas confesiones que capturamos con redes de oyente: El actor eterno, maestro de máscaras que vivió como serpiente sensualmente de principio a fin entre la selva de la conflagración existencial.

“La vida de cada hombre, vista de lejos y desde arriba, en su conjunto y en sus rasgos más salientes, nos presenta siempre un espectáculo trágico; pero si se recorre en detalle, tiene el carácter de una comedia” (4).

Tú, que utilizaste el gran teatro universal para desbaratar engranajes, ajenos y propios, sin que nadie percibiese realmente tu propia y anhelada trascendencia encauzada, narraste, como en un peligroso combate, la delicadeza de tus pensamientos, la dulce virtud que ocultabas a cuanto mortal mirabas, la gracia sublime que te ha inmortalizado. (Estocadas sutiles de una rebelión fogosa que confunde las armas con las palabras, que desposan la tinta con tu propia sangre).

Las pretensiones destructoras de lo que amenazaba y vejaba a tus compañeros samuráis se tradujo durante la nebulosa de tu vida en acción pura, donde la atmósfera oculta el oxígeno, sólo para hacer desaparecer lo que ofendía una y otra vez el símbolo de lo sacro. “Pronto formamos nuestro círculo, con Kusano sentado en medio, cruzadas las piernas. Comía desaforadamente caramelos del tipo occidental, y cuando quiso llamar mi atención tuvo que hacerlo levantando los ojos en dirección al cielo de Tokio” (5).

Irrumpieron como sombras venidas de la lejanía, con ojos saltones y lenguas letales. Querían terminar con el Imperio, querían empobrecer la honra milenaria que te pertenecía. No te doliste sin causa alguna nacida de tu originalidad, sino que en los brazos incrustados de un discurso maternal poderosísimo.

Seguías oyendo en tu recuerdo los consejos de Natsu, memorizando lentamente su entonación y sus instrucciones. Detestaste la manera en que las filas se emancipaban del sentimiento nacional, y con asco soñaste despierto que todo seguiría aún peor: “El Japón es víctima de la serpiente verde, no nos libraremos de esa maldición” (6).

El humo de los pueblos arrasados por la despersonalización de la vida moderna, el avance inminente de las megaciudades y los soldados obscuros en tu tierra, madre tierra, fue la clave del encuentro contigo mismo y el inicio de la erupción mental de atavíos femeninos, tradiciones, rebeliones y cuestionamientos que borraron todo vestigio dogmático, confluyendo en la autodestrucción, en el arte de lo ambiguo.

Y porque sentías, porque eras todo emoción y piel fue que merodeaste entre balaceras ensangrentadas de identidad. Oíste rumores de paz, y como despavorido, palideciste al enfrentar premonitoriamente la normalidad que obligaba a tomar un escudo, la espada y la serie de personajes ideales para la gran obra teatral extenuante...

Nos atrae en demasía las debilidades ocultas, las verdaderas, pero más la idea de la sublevación contra ellas y el acrecentamiento de la fortaleza, mimetizándonos en el caos de la premisa bélica de la extinción o supervivencia del género humano, que reduce la existencia para algunos a preciadas arcas balsámicas y que para ti fue crucial en la búsqueda del yo, la germinación de tu catarsis.

Te das el lujo de mantenernos inquietos ante tanta conmoción, y es que has preparado la más grande de las fiestas. ¡Qué manera tan pretenciosa la tuya para planificar el deceso! ¡Qué intenciones tan satíricas con que has mirado a la masa! Pues, como estratega en marcha, ensalzaste lo que fue para Yamamoto el Hagakure: “He descubierto que la esencia del samurai es morir, que entre la vida y la muerte, debemos escoger siempre la segunda; que para ser un samurai perfecto es necesario prepararnos para la muerte. Iniciar cada amanecer meditando tranquilamente, pensando en el último momento e imaginando los diferentes modos de morir” (7).

El seppuku, como rito de autoinmolación, fue lo que inmortalizó tu muerte, lo que eternizó la imagen del samurai condicionado, más allá de cualquier límite, completamente libre. “Si te encuentras con Buda, mátalo; si te encuentras con tus padres, mátalos; si te encuentras con tu antepasado, mata a tu antepasado. ¡Solo entonces serás libre!...” (8).

Fue el trance de tus últimos segundos de acción lo que ahuyentó la deshonra, ubicando en alto el código del Bushido, la armonía entre la pluma y la espada, la reconciliación entre el arte y la acción y que comenzó tempranamente, impregnada de relatos marcados de crítica tácita y que ascendió a alturas inimaginables, donde la pluma ya perdía coherencia, volviéndose redundante, para así transformarse en la espada que rasgó tu vientre de izquierda a derecha, para morir en acción y con honor. “En alguna parte debe haber un principio superior que reconcilie el arte y la acción. Ese principio, se me ocurrió, era la muerte” (9). Y mientras dejabas atrás lo mundano y la belleza que te cautivó por tanto, marcabas en las piedras de los cimientos del mundo las iniciales de tu nombre, tu trascendencia codiciada, guiada desde tu infancia por el honor, la tradición, la belleza, un pasado glorioso y fetiche, por Natsu. “En la quietud, había una belleza sin palabras. No más cuerpo o espíritu, pluma o espada, masculino o femenino” (10).

Te enamoraste de tu mirada, de tu voz, de todo a lo que tocabas con tus manos, de todo lo que salía de tu mente. Quisiste alcanzar santidad fuera de todo orden religioso, brillo divino de un ideal tremendamente subjetivo, la gloria sin público ni butacas, el cielo propio “La vida humana es breve, pero yo querría vivir siempre” (11).

¡Has muerto! ¡Ya todos saben que has muerto! Mas solo caíste para terrenales. Sigues entre pasillos de un castillo luminoso, preparado sólo para aquellos que vuelan. Saludas con jactancia a los pueblos alicaídos, pues fuiste mucho más que todos ellos. “La inclinación hacia la muerte es frecuente en los seres dotados de avidez por la vida” (12). ¿Fue la paz tu pretensión póstuma, el último de tus sueños? “Luego vi un círculo gigante rodear la tierra, resolvía todas las polaridades, era más grande que la muerte, más fragante que cualquier perfume que haya aspirado. Este era el momento que había estado buscando” (13). Y es así como esbozaste el día de tu muerte, satisfaciendo tus complejos y ansias de alcanzar una a una las cimas que observaste desde los primeros instantes de tu vida y adolescencia como inalcanzables. Habiendo ya concretado el objetivo sólo quedaba el paso final de perpetuarse en la sangre, lanzando la flecha desbaratadora y tocando la última de las cúspides.

Tú, Mishima, el idóneo bisexual amante de la fuerza y el vigor del ejército imperial, amante de poetas malditos, de Baudelaire, de los samuráis. Sentimiento fetiche que recorrió cada célula de tu cuerpo, traducido en deseo carnal y la preponderancia de la belleza como talismán profano, herencia de tu abuela. Amante tímido y contemplativo de los capullos femeninos, la fragilidad que en aquello se circunscribía, carente de ese vigor y astucia propios de los cuentos de épocas doradas que oíste desde que fuiste arrebatado de los brazos de tu madre, y que Natsu inculcaba en tu blanca piel una y otra vez. Tu sangre no era samurai, pero el derramamiento de la última de tus gotas y el último de los suspiros bastaron para sanarte, para satisfacer tus debilidades, continuar tu tradición, oponerte al capital eclipsándolo con códigos espirituales y aleccionar a oriente sobre andróginas conductas condenadas. En el fin, tu tradición se opuso a tu tradición, separándote de lo que antes era tu cuerpo y tu sangre. “Disecarme a mí mismo con la doble resolución que habla Baudelaire - Ser tanto la víctima como el verdugo -” (14)

Yukio…Kochan: ¡Que la culpa no manche el paño de la responsabilidad arbitraria! Sólo has sido presa de una de las más remecidas alineaciones, o por lo menos de las que hemos podido presenciar. Hay un faro que ha guiado paso a paso lo que por momentos creíste tuyo, fuiste la marioneta tradicional de un espectáculo pavoroso, pero lleno de siluetas travestidas de una sabrosa dualidad. Es ella la que por mucho te ha encadenado a cuanto grillete has encontrado, es ella con sus palabras la que pudrió lentamente tus singularidades, es ella quien destruyó el lazo del pasado con tu presente, es ella, la matriarca, la directora de la obra en que tú fuiste el protagonista; es simplemente ella, Natsu, quien te asesinó.
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Notas.

(1) Mishima, Yukio, Confesiones de una Máscara, Pág. 18.

(2) Freud, Sigmund, La Psicología de las masas y el análisis del Yo, Pág. 40.

De acuerdo a Freud, en una etapa inicial, se demuestra claramente la identificación de Mishima con su abuela, como fijación al objeto sexual en primera instancia, traducido en el complejo de Edipo.

(3) Coll, Mario, Lectura sobre Mishima o el último samurai.

(4) Schopenhauer, Arthur, El amor, las mujeres y la muerte, Pág. 75.

(5) Mishima, Yukio, Op. Cit., Pág 140.

Se refleja el contraste cultural existente y la invasión occidental a Oriente. La Segunda Guerra Mundial es un claro ejemplo para Mishima de esta evidente irrupción a Japón que finaliza con las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

(6) Yourcenar, Marguerite, Mishima o la visión al Vacío, Pág. 117.

Mishima expresa su profundo malestar por la creciente capitalización del Japón.

(7) Coll, Mario, Op. Cit.

(8) Yourcenar, Marguerite, Op. Cit., Pág. 41.

(9) Schrader, Paul, Mishima, una vida en cuatro capítulos.

(10) Schrader, Paul, Op. Cit.

(11) Yourcenar, Marguerite, Op. Cit., Pág. 133.

Yukio Mishima la mañana antes de cometer seppuku.

(12) Yourcenar, Marguerite, Op. Cit., Pág. 93.

(13) Schrader, Paul, Op. Cit.

(14) Kawabata, Yasunari, Yukio Mishima, Correspondencia (1945 – 1970), Pág. 76, (Esta carta, abierta por el Ejército de ocupación norteamericano, lleva el sello “verificado por la censura”).
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Bibliografía.

•Coll, Mario, Lectura de Mishima o el último samurai, www.nucep.com.

•Freud, Sigmund, La Psicología de las masas y el análisis del Yo, Editorial LibrosEnRed,
www.librosenred.com, 2005, 76 Pág.

•Kawabata, Yasunari y Yukio Mishima, Correspondencia (1945-1970), 4ª Edición, Barcelona, Emecé Cornucopia, 2004, 257 ps.

•Mishima, Yukio, Confesiones de una Máscara, Barcelona, Editorial Seix Barral, 1985, 220 ps.

Mishima, una vida en cuatro capítulos, [video], Paul Schrader, A Zoetrope Studios, Filmlank International and Lucasfilm ltd. Production, 1º de enero de 1985, VHS, (1:55 minutos), (col).

•Schopenhauer, Arthur, El amor, las mujeres y la muerte, Buenos Aires, Editorial Gradifco, 2005, 126 ps.

•Yourcenar, Marguerite, Mishima o la visión del vacío, Buenos Aires, Seix Barral, 2002, 141 ps.
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29/07/07

Cochabamba, Bolivia

"Aún cuando todo se haga dificil... experimenta tu paz y alegría interior"
Anapaola, 17 años, Cochabamba.
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"¡Eres una basura! Interesada en la superficialidad y el dinero, que algún día perderán su importancia"
Respaldo del asiento de una micro Boliviana, Cochabamba.
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"El rico tiene un médico a su cabecera y pobres a sus pies"
Humorista callejero Boliviano, Cochabamba.
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Cientos de obreros a lo largo del camino cruzan sus miradas con las nuestras, traspasando el cristal de las ventanas del bus. Ellos se preguntan hacia dónde vamos y nosotros hacia dónde fueron a parar, trabajando por tanto los pies de la tierra con manos que se parten, que se desgastan, que sudan y sangran en toda Latinoamérica, las manos de la materia prima, la savia del mundo.
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Las cicatrices de asfalto y luces sintéticas tatúan a la madre tierra hacia el Norte, borrándola lentamente, semejante a la lucha aborigen llevada a cabo por más de doscientos años y a quienes paradójicamente la Democracia Contemporánea llama terroristas.
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La cuncuna desmembrada me confunde con sus contrastes y diferencias marcadas. Aquí la vida tiene otras concepciones. La suave brisa entrelazada a la sigilosa Camanchaca degradan la vida; matizándola a medida que me alejo del núcleo pestilente de diez horas y más de trabajo denigrante, mensajes subliminales y spots publicitarios en el diario bombardeo mental de información de dudosa reputación. La gran Puta sebosa sabe como comerciar su sudoroso cuerpo, cubierto de ostentosos atavíos comerciales y que exige tributo por sus monumentales tetas manchadas de capitalismo y la despersonalización de los pueblos.

22/07/07

Caracollo, Bolivia 21/07/07

"Mujer espiga, flor, camino, pensar es altamente femenino. Hay en tu pecho dos manantiales fusiles blancos y no anuncios comerciales"

Anapaola, 17 años, Cochabamba.

De pronto un hombre cabizbajo, un poco tullido, de tez morena, de unos ochenta años, vistiendo un sucio traje gris, alpargatas rotas y un gorro altiplánico se acerca pidiendo dinero solo para comer. Lo miré tristemente, solo quedaba encoger mis hombros y asentir con una falsa sonrisa que nada tenía, ocultando la impotencia y el hastío por lo kafkiano que resultó ser aquella situación. Más tarde, antes de continuar mi viaje y apagar mi cigarrillo me atreví a enfrentar la mirada de aquel hombre de octogenaria sabiduría y a tocarle el brazo amistosamente, quizás para trasmitirle mis confusos pensamientos en aquel instante; por más inútil que haya podido ser. Aún así, mi mensaje fue recibido y luego aquel hombre golpeó mi espalda suavemente. Subí al bus y nunca más lo vi. Paz

14/07/07

Descartes v/s Hume

Pregunta única:

· Establezca un análisis comparado entre la posición epistemológica de Hume y Descartes. Fundamente y argumente con los textos que se entregaron en clases y por Internet.


Algunos de nosotros se han obsesionado a través de la historia con el conocimiento. Qué es, de dónde proviene y cuál es la relación coloquial existente entre sujeto y el desarrollo de la epistemología. Algunos se han obsesionado a tal punto, de llegar a sustentar su filosofía en base a estos conceptos y que además pretenden obviamente analizar para dilucidar así la vista panorámica del tablero de ajedrez. La epistemología de ambos filósofos será crucial en la búsqueda del conocimiento, del saber, sin embargo los caminos a seguir se separan radicalmente respecto a sus contextos históricos y las bases que sustentan las teorías en Descartes y Hume Sin duda alguna existe una abismante diferencia entre los planteamientos filosóficos de uno y otro, es decir, entre una visión metafísica racionalista y una visión empírica, positivista y psicologística. Ya hemos establecido dentro de los contextos históricos correspondientes que Descartes es el símbolo máximo de una concepción metafísica moderna durante el siglo XVII y poco más de un siglo después, se erige la figura de Hume, derribando dichas concepciones metafísicas mediante un empirismo exacerbado. He aquí a dos grandes íconos de corrientes filosóficas opuestas en paradigmas y distantes en el curso del tiempo.

En primer lugar, el contraste a realizar será en base a los conceptos de entendimiento, imaginación e ideas. Descartes en sus “Meditaciones Metafísicas”, asegura entre tantos otros planteamientos, que las ideas pueden ser clasificadas en tres tipos. Por una parte aquellas nacidas conmigo (ideas innatas), luego las extrañas o foráneas a mí (ideas adventicias) y por último las creadas por mí (ideas ficticias), cuyas concepciones lo llevan a proponer ideas innatas en el sujeto. Al mismo tiempo en base a estos complejos conceptos, asegura que las ideas se traducen como ciertas maneras de pensar semejantes que proceden de un mismo modo en su concepción y que son el producto de las imágenes de ciertos objetos diferentes unos de otros, estableciendo a Dios como una idea objetiva, contraria a las cosas finitas. Continuando con la consecución de propuestas cartesianas, debemos decir que una realidad objetiva de las ideas, como Dios por ejemplo, no está en nosotros mismos y no es producto de aquellas imágenes o ideas ajenas a nuestro espíritu, concluyendo que no estamos solos en el mundo. Es así como prueba la existencia de Dios como un ser inmutable, eterno y omnipresente. Continuando el desarrollo, en función del concepto de idea cartesiana, se establece que las ideas subjetivas que poseen duración y número provienen de la concepción limitada del hombre, provienen de nosotros mismos. No existimos sin Dios según Descartes ¿o si?, pues si nosotros mismos nos hubiésemos creado, carencia humana alguna seria inexistente transformándonos automáticamente en Dios. La concepción de la idea de Dios no es capaz de ser producida por nosotros mismos por dos razones: En primer lugar por ser una idea objetiva más allá de las limitaciones humanas y en segundo lugar por la nula capacidad de aumentar o disminuir dicha posibilidad, es decir, la idea de Dios. La mirada metafísica y dubitativa respecto a los paradigmas filosóficos contemporáneos a Descartes concluyen que el entendimiento de una idea no es igual a la imaginación de ella, pues el primero es la inspección del espíritu mismo y los cuerpos, siendo la imaginación producto del engaño de los sentidos (Genio Maligno), que para la filosofía cartesiana nos engañan cabalmente una y otra vez, es decir, el mundo de las ideas tiene estricta relación con el alma y que más tarde Hume derribará con la inexitestencia de ella desde su rincón histórico.

Quisiese tomar otro punto cartesiano de apoyo y de radical oposición a Hume que produzca el efecto contraste deseado. Yo soy una cosa que piensa y evidentemente existe la facultad de distinguir a la luz natural lo que es verdad clara y distintamente que luego Hume descompondrá como he expresado anteriormente, al estilo Nietzsche y Platón en la inversión de paradigmas basados en la “Alegoría de la Caverna”. ¿Existe acaso una verdad clara y distinta como objetivo dentro de la acalorada existencia humana y como boya a la que debemos dirigirnos nadando entre las aguas caudalosas? ¿Es acaso necesario salir de la caverna en base al paradigma platónico o acaso existe la opción de crear nuestro propio orden al interior de ella e incluso un lenguaje propio? Para Anaxímenes el principio o Arjé podrá haber sido el aire, para Descartes Dios, para Tales de Mileto el agua, sin embargo es necesario el eclipse entre dos corrientes filosóficas que distan por casi doscientos años aproximadamente. Quizás la aproximación que podemos hacer en este punto del análisis para vaticinar de cierto modo el contraste que se pretende realizar sería al estilo Heráclito de Efeso contrastado con Parménides de Elea en donde el primero expresa claramente lo contrario al paradigma de Arjé anterior a él. Todo es movimiento, nada reposa, nadie se baña dos veces en el mismo río y tal como él, somos una colección nueva de pensamientos estableciendo un tipo de relatividad primitiva negando la verdad inmóvil y única, pues al río cada vez llegan nuevas agua y nosotros mismos, que pronunciamos la palabra río, dejamos de ser iguales al de ayer estando en constante trasformación producto del medio que nos rodea y aquellas vivencias particulares; siendo lo que me atrevería a llamar; dentro de la filosofía Jónica, como “Hume primitivo” y los primeros indicios de la desvinculación de paradigmas “cartesianos primitivos” representados en este caso por Parménides de Elea y la pretendida distinción entre el mundo real y el aparente, el mundo sensible del inteligible. Si lo que es, es, no puede haber nacido. Si lo que es, es, no puede cambiar, ya que el mundo supone que una cosa no sea algo, para luego ser eso que antes no era y todo debe ser aceptado para él, como la idea cartesiana de Dios, algo inalterable, eterno, único e inmóvil, aunque sea curioso que en este caso hayan sido históricamente inversos, respecto a la analogía de preceptos, a la aparición Descartes y Hume, siendo válidos solo los extractos jónicos que son citados, abordados y ejemplificadores de algún tipo de discrepancia.

Hume distintamente a Descartes en primera instancia define como concepto anterior a idea, el de impresión, como vivencias de presentaciones actuales, lo que oímos, sentimos, deseamos, etc. Dicho concepto nos llevará al de idea como la representación de una impresión o sensación anterior y aquella impresión es necesariamente coetánea a la existencia, es decir, debe ser actual. Es así como cada idea debe proceder necesariamente de una impresión. Algo así como si existiese una relación madre-hijo entre ambos conceptos. Sentir o desear es igual a impresión, impresión, a su vez, es igual a idea, impresión es, a su vez, igual a realidad, careciendo de realidad o existencia lo que no siguiese este cauce natural; existiendo aquí una de las tantas divergencias entre ambas exposiciones filosóficas. Más tarde Hume derribará conceptos cartesianos quitándoles toda legitimidad, en base a sus preceptos, a conceptos como substancia, yo, causalidad y Dios, que indudablemente es el más controversial del contraste que aquí nos convoca, entre la metafísica y el empirismo. Una substancia es inexistente únicamente debido a la carencia de impresiones y el nulo sustento de ellas. Si no existe impresiones que fundamente una idea determinada el concepto, para Hume, se define como ficticio, es decir imaginación para Descartes aunque claramente es utilizado con matices muy distintos, opuestos. El yo por otro lado es una idea ficticia únicamente en lo errático de atribuir al conjunto de impresiones e ideas del mí el nombre del yo, es decir, soy un conjunto de vivencias, impresiones e ideas y que se definen como “mías” sin embargo aquello no distingue al “yo”. La causalidad es algo similar dentro de los modelos de Hume definiéndola como asociaciones de ideas que se acoplan cuando son similares, en términos aún más simples surge una idea y luego otra que la acompaña por sucesión. Tengo la impresión X, luego la impresión Y pero no existe impresión alguna que las conecte, es decir, X no produce impulso que genere Y. Hume critica el precepto de ideas innatas en donde el hombre sería semejante a un papel en blanco cuyo contenido se llena con las impresiones. En momentos de mayor aflicción se recurre a la creencia, opuesto a lo que transmitía la metafísica de Descartes sobre la existencia de Dios. No existo yo, no existe dios, solo vivencias, impresiones e ideas llegando al apogeo en si del contraste buscado.

Otro concepto polémico es de substancia. La res extensa (cosa) o la substancia en la filosofía cartesiana se define como lo correcto existente y como forma completa debido a la no necesidad de factores ajenos a si misma para existir, como por ejemplo la concepción de un cuadrado (no necesita de otros factores para definirse a si mismo siendo como concepto la idea algo completo). Por otra parte Dios sería en este caso una substancia infinita puesto que los demás seres necesitan de Él convirtiéndonos en su extensión. Las bestias junto a los sujetos serían substancias finitas que no necesitan de nada más para existir, salvo Dios. El alma es pensamiento, entendimiento y el cuerpo es extensión correspondiéndole a cada substancia un atributo, una esencia, lo que las distingue clara y distintamente. El dualismo en la filosofía cartesiana es sin duda alguna una fuerte característica. El alma y el cuerpo no se necesitan mutuamente para existir como substancias. Aquí Hume despedaza el concepto fundamental en la teoría metafísica cartesiana (substancia) expresando en sus planteamientos que la substancia no posee impresión alguna, por ende no hay idea. Sino un término carente de significación. La substancia es solo un conjunto de percepciones particulares producto de la costumbre. El concepto de costumbre para Hume es crucial en el desarrollo de su filosofía siendo ésta la guía en la vida humana que indica la creencia de la repetición de algún acontecimiento pasado. El hábito y la costumbre generan como producto la creencia, siendo éstos los guías en el camino de la existencia basando la seguridad del futuro en estos criterios

He aquí dos iconos filosóficos que se sitúan en contextos históricos diferentes. Por un lado el empirismo inglés rechazaba el racionalismo y colocaba como fundamento la especulación. Durante la época cartesiana ciertos paradigmas se derribaban como el modelo geocéntrico y en el caso de Hume el modelo de newton era una ciencia empírica aceptada. El siglo XVII fue marcado por la dominación del materialismo sobre el espiritualismo. Durante el mismo siglo en Francia nace el racionalismo, encarnado por Descartes, que se difunde por todo Europa basado en que el punto de partida no eran los sentidos sino el espíritu humano. Más tarde el empirismo inglés, como se ha expresado anteriormente, se opone a la metafísica francesa. Descartes instala el racionalismo, la autonomía de la razón, en Europa continental. Luego el empirismo se extiende por Europa durante los siglos XVII y XVIII en donde Hume recibió la fuerte influencia de la ciencia newtoniana y de la aplicación experimental al estudio de la naturaleza humana, lo que sin duda alguna genera como producto el gran contraste entre una visión filosófica y otra. Descartes es el creador de un método científico deductivo, con fundamentos metafísicos durante la época moderna mientras que Hume lleva al empirismo a sus últimas consecuencias cuyo escepticismo se opone al racionalismo y el poder de la razón reconociendo los límites de ésta.





25/06/07

Pan y circo

"Al pueblo pan y circo, aunque al vulgo solo apasione lo segundo. La muchedumbre obscura podría morir de hambre, sus cuerpos canijos podrían llegar a ser y aún así todos ellos expirarían riendo eufóricamente hasta el último de los números circenses. Que el estado llano sucumba entonces ante el vicio de la cristiandad"

20/06/07

Flagelos

Dando vueltas desesperado entre las frazadas desordenadas de mi cama, recuerdo borrosamente la última de mis pesadillas. En mi enclenque brazo derecho se inmortalizaban tres cortes nacidos bajo generación espontánea. El primero se dibujaba bajo el codo engranaje, es decir, en dirección hacia la mano y paralelo a ella. Otro se marcaba sobre la misma bisagra quitando todo tipo de movilidad a mi armazón. El último de ellos se trazaba más arriba y sobre el anterior, era el más mordaz de todos.

Recuerdo involuntariamente cuanto dolían aquellas lesiones. Pánico de sentir mi cuerpo tatuado, flagelado y castigado con llagas que esta vez no deseaba. La culpa de no conocer la procedencia del dolor de las nuevas marcas innatas me tullía. No deseaba expiar mis culpas a través de los brazos de ensueño. El placer protagónico de aquel culto perdía el sentido de hacía ya algún tiempo.

Las marcas de conflagración neuronal y las cicatrices somáticas habían sido aquella ocasión el resultado de una gran contienda librada en el seno del devenir, del apogeo anhelado. Sin embargo la pesadilla me recejaba al terreno desértico ya abandonado tras la batalla finalizada, impidiéndome recorrer nuevos escenarios, paisajes posteriores a las heridas, a las victorias.

Siete, ocho cortes, tres cortes y la suma final ascendía. Sigo acumulando cicatrices en el alma, continúo librando cruzadas que maltratan mi cuerpo bulímico, pero esta vez los flagelos emanan desde las alturas, desde las profundidades de mi cerebro hiperquinético. No provienen de la innecesaria voluntad masoquista o la risa cubierta de lágrimas, provienen de la voluntad creadora, del espíritu. Solo fue una pesadilla.

"Los primitivos cristianos maltrataban su cuerpo en señal de sumisión. Debíamos sufrir como Cristo, el profeta; debíamos. El odio contra el cuerpo es tan solo la justificación de lo errático, tan solo una pesadilla. Muy bien, he despertado."

"El profeta, el mártir, el falso ídolo y el juez son solo pieles que ya ha dejado atrás la serpiente cronológicamente en su búsqueda. Sigamos reptando sensualmente entre la soledad, el baúl de secretos y las máscaras de la inmensa jungla"

12/06/07

Memoria de dos borrachos a las 6:03 am

Memoria de dos borrachos, quienes tomando un lápiz y un papel, luego de horas tomando control de sus mentes, expresando lo más genuino de su pensamiento y confluyendo en una exhaustiva conversación sobre utopías, vida, existencia, música, verdad, felicidad e idealismo, trascribieron esto:


Borracho 1: Hermano inquebrantable en la colectividad de lo perpetuo, quien descubre uno de los puntos frágiles en mis manos, desembocando en las incongruencias existenciales, de lo delicadas que pueden ser las utopías, necesarias, por lo cierto, para nosotros. Sin ellas, lo que llamamos vida, simplemente desaparece, careciendo de sentido y de objetivos. Hermano en la música, en la muerte, hermano de raíces, a ti te digo: Sin dioses ni ídolos, es ese nuestro secreto.


Borracho 2: Amigo, eres el cuestionamiento constante... te quiero, pero aunque hemos compartido muy poco creo que somos almas gemelas en este mundo acostumbrado al odio. Al mismo tiempo somos dos borrachos que vivimos con más pasión la vida. Te quiero y eres uno de los pocos que me coloca en apuros.

6:03 am

11/06/07

Visiones

  • "Muchedumbre desorientada, cubierta por el velo de la desorganización, aletargada, lucha por su liberación."
  • "Multitud ahogada entre vítores y descalificaciones intenta al menos encontrar aparentes reivindicaciones."
  • "Me denomino como férreo agricultor solitario y desértico, quien cosecha abundantes cantidades de elixires mundanos"
  • "Oh, Señor, ten piedad de nosotros. ¿Por qué nos expulsasteis del paraíso? ¿De que sirven tus promesas y tu piedad ahora?"
  • "A lo lejos diviso las caricaturas de los que nunca fueron. Sonetos y dedicatorias que hoy son solo polvo. En estos minutos busco la hoja en donde solían ubicarse para lentamente borrarlas, muy bien, he finalizado"

05/06/07

De lo desagradable

Que desagradable es rodearse de individuos pérfidos cuyo único accionar es el desafiar, herir e intoxicar a quienes brillan en la oscuridad.

Que desagradable es escuchar su acento, su timbre de voz, su respiración. Me asquea el compartir mi suelo y el de los demás con individuos medianos, dueños de complejos de titán, de mártir, de mariposa. Me abruma considerablemente, sobre todo si su lengua no pronuncia signos de amor, de ternura, de refugio. Señores, las lenguas poseen una abisal dicotomía referente a sus interpretaciones. Por un lado pueden ser fiordos o bahías de trascendencia, pero por otra parte se trasmutan en veneno, en arcadas, en solitarios insectos semejantes a una polilla, anhelando la luz a ciegas y golpeando fuertemente el foco que la proyecta, alterando momentáneamente su cauce natural. He dicho momentáneamente, un ínfimo momento que no opaca sus crecientes ondas. Estos individuos señores ¡A la guillotina!

Que desagradable es sentir la fetidez de sus cuerpos intermitentes y sus reflejos sin rostro escondiéndose bajo la sábana de lo conciliador, del amigo aparente, del beato, del falaz.

01/06/07

Señor, ten piedad de mí

Vacío nocturno de invierno en el torbellino del tránsito diario. Por mi culpa, por mi gran culpa Señor. Sobre mis costillas recae el pecado de retorcer las entrañas de mis sentidos cada segundo. Pido perdón Señor, es justo y necesario. Adán fue expulsado de tu gloria por una costilla, al igual que yo, la oveja apartada.

Señor, por qué me has abandonado. Dónde se esconde la ignorancia, la ingenuidad que podría indultarme del tifón indestructible, de estos engranajes espirituales que no se detienen frente a la inclemencia de tu clima. Dónde se encuentra esa simplicidad que protegió a tu primer hijo y a su costilla por tan poco tiempo. ¡Oh Señor¡ él y yo extraviamos esa inocencia, ambos perecimos por una costilla.

Arrancar sin piedad quiero mis costillas. En dónde se encuentra la inexperiencia Señor, sin pecado concebida. Oh, Dios misericordioso, ruego a ti el hacerme creer; funda fe en mis recónditos rincones, en éste incrédulo, debilitado por la brutal realidad de la incoherente presencia aquí. En tus manos encomiendo mi espíritu, pues ya fatigado estoy de esta consciencia infractora. Hazte cargo de mi sueño, mi letargo perpetuo, porque cansado estoy de la verdadera cruz. Amén.

29/05/07

Lazos de jazmín, no cadenas

La condensación del vapor de tus labios abultados cae sobre mí como gotas de luz mientras parpadeo perplejo frente a ti, mi semejante.

La niebla de tus manos me ciega en tus brazos, cayendo cual frágil mi cuerpo es.

Paridos en idéntica forma entrelazamos nuestras piernas avanzando hacia las constelaciones mágicas de risas y sollozos, cantos de girasoles bañados en bálsamo y sellados bajo la más tierna amistad.

Locura pródiga de experiencias, ruta recorrida por pocos y protegida por fulgorosas armaduras de constante atracción.

Niño somnoliento soy, acurrucado contra tu pecho aromático, cubierto de nobles herbajes.

Galaxias completas nos diferencian y mares congelados atravieso en mi navío acortando distancias. Ambos alteramos la matemática de las distancias, reduciendo kilómetros, haciéndolos desparecer, inexistentes en nuestro mundo.

Cuerdas interminables de rosas libres de espinas me atan a ti, provocando en mí, voluntad de ser, reposando en tu abdomen endulzado por néctares atemporales. Lazos de jazmín me atan a ti, no cadenas.

Amor, tras la nube gigante y anaranjada espero por ti sin ropas, sin cadenas, para beber el delicioso brebaje de tus huesos.

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"Es cierto, se puede expresar lo mismo, de otra forma"

24/05/07

De la grandeza y la garrapata

La grandeza reside únicamente en nuestro constante accionar, en lo trascendentales que dichas acciones pueden ser, en el eco eterno del toque sutil dado a aquellos semejantes a nosotros. En cambio, la grandeza se ausenta en aquellos que desean ser grandes, aquellos que imploran a sí mismos y más aún, la grandeza es inexistente en aquellos que se asemejan a garrapatas o parásitos cuyo único accionar es la respiración propia, aquellos que se dedican a observar juegos ajenos desde las alturas, pues grande, es solo aquel que baja y no quien deja de existir apartándose del mundo paulatinamente, siendo partícipe de una filosofía contemplativa, que niega al hermano, al semejante, al amigo y por ende a sí mismo.
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La grandeza es una cualidad aristocrática dentro de la esencia de solo unos pocos hombres, hombres grandes, verdaderamente grandes. La grandeza pertenece solo a quien que se reinventa continuamente, a quien es capaz de abstraerse a nivel tal que puede en ciertos instantes escuchar solo el sonido de su lenta respiración, quien ve a la oscuridad como único aliado para después encender la luz y reencontrarse con la íntima colectividad de todos aquellos que se han reunido en la grandeza.
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Insisto señores, la grandeza no pertenece a la garrapata que se mantiene inmóvil, que solo respira, que no acciona, que no ama y que cree ubicarse en la montaña, cuando realmente es tan bajo, tan pequeño que desaparece de todos, discontinuando sus huellas, su camino, su amor por los hombres. Para conocer la íntima grandeza es necesario enfrentarse a ídolos pasados, verse cara a cara para luego de aquella batalla puedas acceder a la llave del pasado y la base necesaria que permita comprender el mundo, no interpretarlo. Nuestro amor a los hombres es tan grande que no optamos por cambiar el mundo, no optamos por ser parásitos viviendo en función de otros organismos, como algunos ya llevan a la práctica, sino que optamos por modificar nuestra forma de pensar en el mundo.
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La grandeza no reside en aquel que sube a la montaña clavando una estaca en la cima y autodenominándose grande, sino en aquel que está en constante devenir, siendo consciente de su pequeñez porque jamás es suficiente, nunca es suficiente la lección aprendida o el gesto sublime de esconder bajo un sutil manto la compasión por el amigo. ¡¡Hermanos!!, tengáis amigos, uníos en el amor al hombre y no en el quietismo de ser solo un espectador, de ser garrapata.
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La grandeza se encuentra en el eterno escalador y solo la garrapata, oculta bajo el abultado pelaje de su víctima, se convence de haber llegado a la cima, considerándose el máximo espectador del juego, el juego de la existencia, el triunfador, sin embargo, desconoce que todo otro que lo rodea es espectador de ella, ubicándola más abajo de cualquier bajeza, de cualquier patetismo. ¡¡¡Señores!!! Qué tiene de grandeza la inacción, la inmovilidad y la nula trascendencia de los individuos, pues jamás es suficiente el conocimiento adquirido, nunca hemos adorado a suficientes antiguos ídolos para luego de abrazarlos comenzar a odiarlos, odiarlos porque no fue suficiente su accionar y su comprensión parcial de la existencia.
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La autodesaparición y la carga que se impone el penitente de viajar en completa soledad, soledad que carece de sentido y que cae en la decadencia. Tú penitente, ¿Crees ser lo suficientemente grande como para llegar a las alturas? Grande es aquel que ya pasó por el Averno y que escala ahora la montaña para después compartir su conocimiento con los demás, sin buscar, solo atrapando a sus semejantes, a los que poseen una mirada altiva.
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La grandeza vive en la fusión paralelamente microscópica y panorámica. Aquel que ve solo lo ínfimo, lo pequeño, alimentándose de aquello es tan solo una garrapata y aquel que ve el mundo únicamente de forma panorámica, gira al compás del mundo, aunque siendo honestos, su rotación ha cesado provocando que no amanezca. !!Grandeza leprosa¡¡ en donde trozos de tu carne penitente caen, volviéndose pesados y malolientes. !!Falsa grandeza vacía¡¡, carente de engranajes, exclamando intencionalmente a todos con tu imagen opaca "soy fuerte".
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Tú, falso, que llamas decadente a los no decadentes, solo atas lentamente tus grilletes para lanzarte al fondo del mar atado a una roca, pero antes, ahuyentando a los demás con tu pestilencia. Autarquía y grandeza son compatibles, pero grandeza es incompatible con no producción, pues tú, garrapata, no produces nada para ti, nada para los demás, careciendo de ambrosía.
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Grande es aquel cuya mirada a otro es capaz de desencadenar millares de reacciones, no aquel sin ojos y que provoca rechazo, aversión. Quien busca, fácilmente se pierde. Son tantas las codicias que quieren elevarse a las alturas y tantos los movimientos desordenados de los ambiciosos. Son tantos los fantasmas que desean las alturas sin subir e imaginando desde abajo que suben, llamando bajos a quienes reposan tendidos en el suelo luego de haber bajado.
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La decadencia se encuentra solo en los ojos de quien la posee. La autopoiesis en el superhombre lo define como individualista, sin embargo, su selección lo aleja de la apatía máxima. Hermanos, incluso el ser más amargado ha amado alguna vez. Si llamas decadencia a la poiesis en función de cofactores, de igual forma deberías llamar decadencia a la no producción, a la no poiesis, es decir, reconocerte como bajo. Justificas tu cárcel, justificas lo solo que estás, lo penoso que eres, lo bajo que te encuentras. Aseveras haber entrado de forma voluntaria a tu gran celda y desconoces que has sido enjaulado por nosotros, los altivos.
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¡¡Vamos garrapata!! grita al mundo tu triunfo, grítale a los vientos lo acogedora que es tu celda, pues nosotros veremos como eres encerrado eternamente. En las profundidades yace tu cadáver pestilente junto al mensaje que dejaste, dice: "Mi decisión es irrevocable, será tomada sin vacilaciones para llegar a las alturas", mientras en aquel momento arrojaremos tu cadáver atado al mar, comentando cuan fácil fue matarte.
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Mi querido Wagner, lo aquí dicho son mucho más que las evidencias de los evidentes, son las alturas de los altos, absolutamente incomprensibles para los aspirantes a la elevación. Evidencia es certidumbre, evidente es incuestionable; tal es nuestro axioma, la evidencia dada de los evidentemente altos.

20/05/07

Teoremas, corolarios y axiomas

"La confianza produce muchas veces la lealtad"

Lucio Anneo Séneca

Cada cateto al cuadrado, en donde uno de ellos corresponde a "confianza" y el segundo de ellos a "lealtad", serán iguales a la hipotenusa de la existencia al cuadrado, es decir, a "soledad"

Por otra parte obtenemos como circuncentro el punto "rito de autoflagelación", cuyas simetrales serán los puntos "abulia", "repugnancia" y "anatema"

Por último, es bien sabido como teorema fundamental, que la medida de los ángulos exteriores de la existencia, es igual a 360º, concluyendo así una línea temporal íntima, como eterno retorno, como devenir, como constante.
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Cofianza²+Lealtad²=Soledad²



13/05/07

Deshumanización, soledad y rebeldía:

Cólera, ira, repulsión, náuseas, decadencia, hastío son solo efímeras palabras que definen un extraño proceso de mi ser. Miro a mí alrededor sin sentir nada en lo absoluto, ni el dejo de apacibles besos ni el abrazo íntimo de amigos. Un torbellino me priva de la existencia cuyo sentido no posee axioma, careciendo de lógica, de un cauce natural. El hastío que siento por el mundo se amplía, se alimenta de mi retroceso. Nada me es impresionante, ni talantes, ni mímicas, ni palabras. Las palabras se desvanecen, perdiendo sentido, dejando de funcionar en una totalidad inimaginable. Transito entre una multitud acongojada sin modificar mínimamente mi ruta, observando con desprecio a quienes pasan junto a mi, siendo parte de esa decadencia. La deshumanización me asalta, mi única función es respirar, cada trozo de pan pierde día a día su clásico sabor, cada copa de vino ya no posee aroma.

La eterna duda de levantar el teléfono, de comenzar algún tipo de comunicación con aquellos que solo observan una identidad engañosa, algo ilusorio, mi propia creación. Aquellas caretas utilizadas una y otra vez en cientos de ocasiones desgastándose cada vez más hasta llegar al punto de lo obsoleto, la inutilidad máxima de todas ellas. La persistente y absurda soledad, aquella sumisión traducida en cadenas emocionales, fragilidad, y miedo a desafiarme a mi mismo. Busco a mí alrededor a intrascendentes sujetos que puedan continuar junto a mí el viaje extenso y absorto hacia casa con solo un objetivo: Evitar vencerme a mí mismo.

Frente a aquel hastío, aquel desencanto deslumbrante del mundo aparente que se nutre de mí día a día, solo veo una salida, la calzada más pedregosa de todas: La rebeldía, dulce rebeldía. Siendo realista: La agridulce rebeldía, aquel sendero tortuoso y borroso al comienzo, cuyo objetivo es desgarrar, quebrantar, descuartizar el cuadro lúgubre y luctuoso de lo cotidiano, lo uniforme, lo que debemos, sin efugio alguno, consentir con alguna clase de resignación.

La existencia es algo que no vislumbro, una vereda, vía, trocha, senda en donde cada otro transita fatigado y macilento por completo, hacia una extraña dirección impuesta desde el absoluto inicio y que excluyo completamente. Rechazo esos arquetipos mientras camino con sopor entre el gentío adormecido, lánguido y cloroformizado. El camino es cada vez más fatigoso y más aún siendo una consciencia foránea a la multitud. Continúo avanzando estancando la mirada en aquellos que transitan junto a mí, observando con especial atención los dobleces exacerbados de su piel, su dentadura pintarrajeada y oscurecida por el tabaco, aquella composición extraña de humo y café barato, insomnio, placebos, luces que prenden y apagan, alcohol y mil y un mecanismos utilizados para tolerar la sórdida existencia, sórdida por ser encaminados a través de un sendero sin opción alguna. Continúo avanzando entre el hedor de aquellos que transpiran por la tensión de cuentas, préstamos e hipotecas. Continúo avanzando, analizando las millaradas de filas de que gente que camina hacia aquella dirección desconocida, sin que nadie pregunte ¿Por qué?, sin que nadie cuestione y que si eventualmente llegase a hacerlo, llegando a la próxima esquina, lo olvidará como si jamás hubiese penetrado su mente vejada. Continúo avanzando sin ver coloraciones, sin concebir esencias de curiosa naturaleza y agradables al deleite humano. De ponto comienzo a escuchar lo que ocurre a mis alrededores, pero el detalle es que nada oigo, solo el vació de las calles interminables, los pasos al unísono. Continúo avanzando entre la multitud que jamás duerme, que jamás reposa. Moral, normas, paradigmas, modelos, sistemas, cientos de conceptos que asimilamos desde momentos previos a nacer y que por otra parte algunos serán eternamente desconocidos, o bien, se nos prohibirá conocer como cavilar, cuestionar, contribuir, modificar, inquirir, analizar, oler, auscultar, sentir.

Continúo avanzando solo con pretensiones de correr, pero me es difícil en demasía, invadiéndome una extraña sensación difícil de explicar, algo análogo a jadeo y profundos deseos de derramar lágrimas prohibidas. Continúo avanzando, pero algo extraño ocurre, un fenómeno que lentamente confronto con gran extrañeza, algo que no había percibido antes. Noto que mis pasos son muy divergentes a los de la gran multitud, aquellos pasos ajenos dados eternamente, por días y semanas completas sin intención de detenerse jamás. Comienzo a tomar posesión de mi cuerpo, consciencia de mis sentidos, la exaltación de ellos. Continúo avanzando, pero con el absoluto saber de hacerlo en dirección totalmente opuesta a la gran masa y he comenzando poco a poco a viajar evadiendo a millones que detienen mis pasos. Quizás comienzo a asimilar un concepto anónimo para mí, quizás no había asociado antes rebeldía con un marchar diferente, quizás siempre he caminado en dirección opuesta y tan solo no había decidido el continuar hacia oriente aunque el viaje sea solitario, pero ahora que observo todo con mayor claridad, diviso a alguien más en dirección opuesta pero más adelante, si, creo que intentaré alcanzar a ese alguien avanzando en mi misma dirección, alguien tan agotado como yo, ausente en el aula de lo cotidiano.

27/04/07

Historia de las Mentalidades

¿Qué importancia cree usted que tiene hacer una historia de las mentalidades frente a otros enfoques desde los cuales se puede abordar la historia?

Analizando de una forma exhaustiva aquellos postulados de Le Goff, Febrvre, Lévy-Bruhl, Duby, Chartier, Foucault, entre otros, es necesario adoptar una perspectiva panorámica, planteando que los múltiples enfoques desde los cuales se estudia la historia poseen el mismo grado de importancia y juegan un papel fundamental respecto a la comprensión de los procesos históricos en su máxima expresión. Para ejemplificar lo postulado y comprobar el carácter legítimo de dichos enfoques, puedo señalar la diferencia existente entre Heródoto y Tucídides, sabiendo que el primero basaba su estudio en una investigación vehemente de los sucesos históricos que presenciaba, al modo de la literatura realista durante la última mitad del siglo XIX que valoraba la realidad externa y objetiva tratando de captar detalles ínfimos al modo de una fotografía, pero por otra parte Tucídides abarcaba aún más que el descriptivo “padre de la historia”, como causas y efectos de dichos fenómenos humanos, teniendo un enfoque aún más panorámico y por ende más filosófico, llegando a ser de gran utilidad en la predicción de acontecimientos históricos futuros, ya que doy por sentado que la historia es cíclica cabalmente.

En base a lo postulado, tenemos claro que un enfoque u otro no posee algún grado de importancia mayor que otro, al igual que Heródoto y Tucídides, sino que son absolutamente legítimos y útiles en la comprensión del desarrollo humano, político, económico, religioso y social, pero aún así debemos destacar y exaltar que un análisis desde el punto de vista de las mentalidades de la historia es indiscutidamente el motor catalizador del comportamiento y el condicionamiento de realidades colectivas en una época determinada. La historia de las mentalidades es la vista panorámica en su máxima expresión aplicada directamente al comportamiento del hombre, su entorno y sus sistemas en un período de tiempo determinado, abordando costumbres, tradiciones, fiestas, códigos, comportamiento, etc., es decir conectando la capacidad fotográfica de Heródoto, el concepto causa-efecto de Tucídides y a un psicólogo cuyo objetivo es estudiar la conducta colectiva, transformaciones, ideología, evolución y aquellos elementos que prevalecen en un conjunto de individuos de modo tal que es posible establecer el comportamiento y por ende las “patologías” de una mentalidad colectiva.

Para ser aún más específico citaré un ejemplo histórico siguiendo los pasos de análisis según mi perspectiva: La batalla de las Termópilas, acaecida en el año 480 a.C. Por una parte, Heródoto hubiese descrito minuciosamente aquella batalla retratándola como una fotografía, es decir, tomando nota de la pérdida de soldados espartanos, pérdida de soldados persas, la longitud del paso en donde se resguardaron los espartanos que medía aproximadamente 15 metros, etc. Por otra parte Tucídides hubiese abarcado la causa-efecto de aquel enfrentamiento, el deseo expansivo de los persas, Jerjes como emperador y su estrategia de dominio, los espartanos como civilización contestataria frente al deseo de sometimiento de Esparta bajo el Imperio Persa, etc., pero el último paso y por ende el más complejo es el análisis de la mentalidad de dichos antagonistas, es decir, los espartanos como civilización soberbia, belicosa y contestataria frente a un enemigo, sus ciudadanos convencidos de un ideal de libertad y lucha frente a los persas, los persas como civilización expansiva, sus costumbres, su condicionamiento, etc. Entrar en la mente de ambas culturas es la función única del psicólogo citado anteriormente.

Para concluir lo que aquí señalo debo ser necesariamente reiterativo, los múltiples enfoques de la historia poseen una importancia transversal y en el sendero que debe seguir un análisis profundo y serio de procesos históricos, la historia de las mentalidades se ubica en el último kilómetro, siendo por ende el más complejo de transitar por el cansancio que esto significa, me refiero al estudio de un proceso lento y complejo. Lento aludiendo a Le Goff y su afirmación “la historia de las mentalidades es la historia de las lentitudes de la historia” y complejo por múltiples preguntas que invaden al historiador durante el último kilómetro. ¿Cómo comprender múltiples sucesos pasados sin alterar su real sentido en lo más mínimo?, sin duda todo un desafío para aquel marino que se embarca en el infinito océano de la historia.

Defensa de Rubén Darío

Redacte un ensayo acerca del Realismo, Naturalismo y Modernismo (Ejemplifique con las obras leídas, es obligación)

Es bien sabido que durante el Realismo el contexto sociopolítico se organizaba de una forma irregular, siendo víctima de múltiples mutaciones. En el contexto político surge como oposición a la burguesía, que ocupaba la mayor parte de Europa occidental como clase dominante económicamente, las doctrinas como el marxismo, el anarquismo y la formación de sindicatos obreros y es solo a través de esto que el sistema liberal pierde vitalidad, fuerza y estabilidad. El capitalismo industrial es el sistema económico imperante siendo completamente autónomo a la intervención estatal provocando tensión entre burguesía y proletariado. Es por esto que surgen diversas filosofías como el determinismo, basado en leyes de conducta y que condenaban al hombre a factores sociales, ambientales, geográficos e históricos.

La visión realista tiende en primera instancia a retratar el mundo que nos rodea al estilo fotográfico valorando la realidad externa y objetiva retratando personajes comunes, como Blest Gana en el Loco Estero. Cabe destacar el realismo ruso que anticipará de todas maneras elementos literarios del siglo XX especialmente psicológicos para así ser canalizado en una visión naturalista, cuya premisa es evitar toda posible idealización del mundo basándose en filosofías como la positivista , la ausencia del alma que representaban al hombre como un animal, guiado por impulsos nerviosos e instintos.

El modernismo es el paso siguiente decidido a innovar en el estilo, a rescatar épocas anteriores, algo semejante a lo establecido por Augé sobre sus estudios de la historia de las mentalidades, semejante al primer “rito de olvido”, “el retorno”, en donde la sociedad busca su pasado perdido, pretendiendo extraer un mensaje a costa de olvidar el presente y especialmente el pasado y en lo que aparentemente falla Rubén Darío, principal expositor del modernismo, anhelando la época griega o romana.

Rubén Darío es sin duda un ícono multifacético y marcado por la controversia. Si bien “Pobre Feo” de Barrios y “El Castigo” de Gorky pertenecen a una época previa al modernismo, retratan personajes comunes, vagabundos, expresiones de la alienación humana cuyo destino es hacer que el hombre reconozca su propia imagen de horror frente al espejo, concepto indiscutiblemente opuesto al modernismo, basado en el estilo parnasiano , anhelando una época pasada y dejando atrás las temáticas realistas y naturalistas, enfocándose en símbolos como el erotismo, el hedonismo, el exotismo, y el ocultismo.

Preocupados los modernistas de la métrica, la conexión perfecta de palabras, la añoranza de una época dorada, fueron criticados, especialmente Rubén Darío, por reproducir literatura aristocrática, elitista, y clasista. Sin duda alguna Darío fue el precursor y el artífice del nacimiento de un movimiento hispanoamericano al que el mundo volcaba sus ojos. Latinoamérica era precursora de un movimiento artístico literario como jamás en su historia. Rubén Darío sufrió múltiples trasformaciones a lo largo de su carrera. Algunos encasillan “El fardo” en el naturalismo y para marcar su evolución “El rey Burgués” es un claro ejemplo del estilo modernista acabado, ambos relatos contenidos en Azul, publicado en 1888, icono e inicio del movimiento modernista hispanoamericano completamente pulido.

El principal exponente del modernismo fue criticado por una poesía elitista, sin embargo ¿Como puede llamarse elitista o poesía aristocrática al “Rey Burgués” cuando la principal temática es la insatisfacción de la burguesía o cuando se refiere a temas cívicos y sociales, una faceta poco conocida, dedicados a las raíces latinoamericanas como “Oda a Mitre”, “Canto a la Argentina”, o “A Francia”? Sin duda alguna Rubén Darío, la figura paternal del modernismo fue un gran beneficio para que Hispanoamérica como foco de producción literaria cuyos estigmas lo persiguieron hasta el día de su muerte, siendo condenado su estilo de una forma vaga, aparente, desconociendo la profusión de máscaras que marcaron las metamorfosis de la evolución constante de sus alegorías, convirtiéndolo en un precursor del nacimiento de un movimiento que perdura hasta nuestros días, dejando vestigios constantes en cada rincón de Latinoamérica.

Literatura y Cine

Redacte un ensayo con el tema del cuento Eduardo Barrios ¡Pobre Feo¡
(Es obligación que incluya información sobre Marianela de Benito Pérez Galdós y “El Hombre Elefante” de David Lynch)

¿Qué es lo bueno? Todo lo que acrecienta en el hombre el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo. ¿Qué es lo malo? Todo lo que proviene de la debilidad. ¿Qué es la felicidad? La conciencia de que se acrecienta el poder; que queda superada una resistencia, según Friedrich Nietzsche.

Eduardo Barrios, es sin duda, quien abre paso a la temática y al profundo cuestionamiento de la piedad, la compasión y la caridad como valores o antivalores. En primer lugar observamos en “El pobre feo” a un individuo enclenque, canijo y enfermizo físicamente, que dados sus atributos, es victima de constantes vejámenes; insultos y burlas de todo tipo que lo abaten continuamente provocando que no se sienta parte en absoluto del mundo al que pertenece, viviendo el transcurso de la historia como una pieza ajena a ella. Mientras avanza la obra nos damos cuenta que Isabel y Luisita escriben a su primo detallando aquellas curiosas y anecdóticas experiencias con aquel hombre lacerado por la naturaleza, aquel hombre sediento de amor y ternura que no logra conseguirlas siendo aislado de la sociedad de forma involuntaria. Poco a poco Isabela comienza a ser parte de la profunda desesperación de José, logrando tal punto de conexión con él, que se genera un tipo de empatía; canalizándose en piedad, compasión y remordimiento por aquello que debía soportar a diario “El pobre feo” en la pensión.

Trazando líneas paralelas, encontramos a Benito Pérez Galdós y a Marianela, una joven inculta, nada agraciada físicamente y solitaria que se enamora de Pablo, un joven opuesto diametralmente a su realidad, perteneciente a una buena posición social. Sin embargo, debido a su ceguera, se entrega a los brazos de Marianela, quien cumple el papel de máximo apoyo en aquellos momentos. Durante el transcurso de la historia, ambos se declaran amor eterno, pese a las adversidades, más allá de lo que pudiese suceder, pues Pablo se había enamorado de su esencia, no de aquella realidad aparente, el aspecto físico y superficial. El doctor Teodoro Golfín, famoso oftalmólogo durante el relato, amenaza la inocente felicidad de Marianela operando a Pablo quien recupera la vista, desencadenando que pidiese más tarde matrimonio a Florentina, su prima, desechando y olvidando por completo el sublime amor declarado a Marianela previo a la operación. Pasando al desenlace de la obra, Marianela intenta suicidarse sin obtener éxito, pues lo impidió Teodoro, no impidiendo que más tarde Marianela falleciese de depresión o pena, como refleja el autor.

Sin duda alguna la historia paralela más conmovedora de las tres es la del “Hombre Elefante”, quien victima de una grave malformación generalizada corporal, padece múltiples penurias desde pequeño; trabajando como criatura de espectáculo circense, siendo otra victima del vejamen social reflejado de forma similar y análoga a las dos historias anteriores. Durante el transcurso de la película, basada en un hecho real, el “Hombre Elefante”, Joseph Merrick, es un prófugo de su hogar provocado por los reiterados maltratos de su madrastra y es estafado por aquellos quienes lo utilizaron como atracción circense. Más tarde conoce a Frederick Treves, cirujano que quedara impresionado con su caso y quien hará que sus últimos días sean menos tortuosos de lo que fue su vida entera, hasta que finalmente fallece producto de un dislocamiento cervical y asfixia al no poder recostarse de forma horizontal debido al enorme tamaño de su cabeza.

Retomando la historia de Eduardo Barrios, desarrollaré la temática utilizando como base primordial extractos del “Anticristo” de Nietzsche y es aquí en donde debemos ser excesivamente precavidos para así evitar confusiones. ¿La compasión, la piedad, la caridad son acaso valores universales como ha planteado desde sus inicios el cristianismo? Nietzsche establece que el cristianismo como religión de amor, de compasión y piedad es la religión de débiles y malogrados a quienes debemos incluso ayudar a perecer. La teoría evolutiva de las especies de Darwin apoya esta tesis al promover que las especies más fuertes sobreviven, en este caso, aquellos hombres fuertes físicamente, dotados de belleza y al mismo tiempo dotados de una gran voluntad de poder (entendiendo voluntad de poder como el concepto parvenu que más adelante establecerá Hitler), serán parte de la evolución humana. Por una parte el determinismo nos condena a la predeterminación genética, no así Nietzsche, visualizando esto de forma implícita en el último párrafo del “Pobre feo” manifestando una clara visión nietzscheana sobre la no piedad, llevándonos a la inferencia de que todo hombre fuerte, amante del conocimiento, será parte de la evolución y aquellos individuos como Marianela, “El Pobre Feo” y “El Hombre Elefante”, a pesar de ser dueños de una sensibilidad extraordinaria, están destinados a perecer. Por un lado la visión nietzscheana y parte del relato de Barrios nos incitan a la no piedad, a la individualidad, pero insisto, no al determinismo. ¿Estamos condenados acaso a un determinismo inminente? Si ampliamos nuestro campo a una visión política, Hitler define en “Mi Lucha” el concepto parvenu, como aquel individuo que por esfuerzo propio logra salir de la clase social a la que pertenece y se ubica en una superior. Por otra parte la dolorosa existencia y la constante lucha por sobrevivir y ubicarse en una determinada clase social de acuerdo a las necesidades subjetivas, como proveer básicamente a una familia de 8 personas, generan indiferencia frente a la miseria de los relegados, entendido desde un punto de vista netamente social, político, pero no así superficial, aparente. El determinismo no existe, tal como Hitler lo plantea, pero debemos especificar que la caridad, la piedad, la compasión no son valores como establece el cristianismo, sino síntomas de debilidad. Todo esto se traduce en limosna para el pobre, para el desposeído, para el débil, generando como producto individuos que viven de caridad ajena, lo que no necesariamente fomenta el individualismo, sino la superación, la voluntad de poder. Es así como Zaratustra pasa años meditando en aquella montaña, reflexionando acerca del mundo y es un profeta que no invita a seguir un paradigma establecido al estilo cristiano, a alabarlo como fuente de vida, como bienaventuranza, sino que da las claves para que lo superen (En un lenguaje coloquial se debe enseñar a pescar al desposeído, no proveer de alimento, traducido esto como piedad), para que la voluntad de poder se acreciente, es decir, el amor al hombre como un acto sublime. Hoy en día la moral cristiana defiende el amor al prójimo, la compasión como virtud máxima. Aristóteles definió la compasión como “un estado morboso y peligroso que convenía combatir mediante una purga, entendiendo la tragedia personal como purgante”. Una conexión entre las tres trágicas historias es el amor como ideal único de sus protagonistas, algo anhelado profundamente y que por ende anula por completo la voluntad de poder, el camino que nos lleva a la amplificación de la fortaleza, la conciencia de dejar un obstáculo atrás. No quiero que este planteamiento se malinterprete como una visión determinista, individualista y atea, sino como la superación de nuestras debilidades, conquistar a otros es tener poder, conquistarse a si mismo es conocer el camino.

Frederick Treves, el cirujano que se hace cargo de Joseph Merrick no se identifica con una visión piadosa al modo cristiano, sino que juega el papel de Zaratustra. Frente a esto debo explicar necesariamente la simbología nietzscheana del Camello, el León y el Niño. El primero se identifica con aquel hombre que considera su existencia como un sacrificio, encontrándose absolutamente todo fuera de su domino, todo en manos de Dios. Por otra parte el León es aquel existencialista pesimista, al estilo de Sartre, sin esperanza alguna, sumido en la depresión, viendo todo sin escapatoria, cuestionando el mundo que lo rodea, percatándose de la muerte de Dios y de su completa soledad en el mundo. Por último, el Niño es aquel que logra llegar a la cima de la montaña manteniendo la visión existencialita del León, sin embargo, dejando atrás esa visión pesimista. En “Así hablaba Zaratustra” Nietzsche plantea “Vosotros miráis a lo alto cuando aspiráis elevación. Y yo miro hacia abajo porque estoy alto. ¿Quién de vosotros puede al mismo tiempo reír y estar alto? Quien se cierne sobre las más altas montañas se ríe de todas las tragedias y de la escena de la vida”

Es justamente este el efecto el que provocó Frederick Treves en nuestro “Hombre Elefante” y es ahí donde radica la diferencia entre desenlace de esta historia con Marianela y “El Pobre Feo”. Joseph logró llegar a la cima de la montaña, a ser el Niño, según Nietzsche, sin embargo nuestros dos protagonistas restante no logran llegar a buen puerto.

Ampliando aún más mi análisis, la Época Contemporánea, especialmente la globalización, desencadena múltiples problemáticas que sin duda acentúan los estigmas sociales. El concepto de belleza, entre otros, existente hoy en día como paradigma irrevocable al que debemos aspirar y seguir. ¿Cuál es el motor catalizador del hurto, del atraco con violencia? Durante la Edad Media aquellos que robaban era principalmente para comer, subsistir y sobrevivir frente a las desigualdades sociales, sin embargo, hoy, frente a similares desigualdades; el desposeído roba aparatos de alto precio con solo un objetivo, el de asemejarse, actuar, moverse e igualarse ilusoriamente al rico (zapatillas de marca, artefactos musicales, teléfonos móviles, un sin número de artefactos que psicológicamente hacen que el desposeído se sienta parte de una realidad ajena a la suya), contribuyendo a la modificación del comportamiento colectivo generado por paradigmas múltiples emanados de la globalización.


El objetivo principal de la globalización en primera instancia es contribuir a la integración económica del globo mediante tratados, acuerdos, alianzas de libre comercio que impulsen el desarrollo mundial. No nos detendremos a analizar si dichos objetivos se cumple a no, sino que nos centraremos en sus consecuencias, como por ejemplo la homogeneización de la cultura, siendo Latinoamérica la única región afectada por efectos de globalización. Causa: Un centro dominante, controlador de la economía y que mantiene una hegemonía sin fronteras, que establece paradigmas de realidad aparente y comportamiento. Efecto: Anorexia, bulimia, estrés e individuos condenados y marginados socialmente al no calzar con aquellos modelos, especialmente el canon de belleza establecido, al cual centro mi especial atención. El núcleo dominante en este caso nos orilla a enterrar por siempre las raíces autóctonas latinoamericanas. Música, arte, literatura, cine, tecnología son suministradas y monopolizadas por aquel foco absoluto, aquel prototipo padre en donde ya no prima el conocimiento, sino la realidad aparente en el que los jóvenes de hoy padecen narcisismo crónico, “eres como te vistes, eres lo que escuchas” y es aquí donde deseo detenerme, pues la diferencia entre múltiples tribus urbanas existentes en el globo es mínima e ilusoria, desde un punto de vista subterráneo, y a lo que apunta la globalización es a la uniformidad colectiva, comenzando por nuestras casas, nuestros autos, nuestras villas, nuestros buses, etc. y cualquier objeto que no calce previamente con lo predeterminado por aquellos misceláneos prototipos será rechazado, tal como lo fueron Marianela, José y Joseph, siendo degradados, condenados por la sociedad y gravemente humillados. Deben ser esquinados aquellos carentes de voluntad de poder y víctimas de la declinación mental. La problemática se ha ido acrecentando debido a la manipulación masiva, el adormecimiento mental y la superficialidad que ha generado el propio sistema como mecanismo de defensa. El saber genera poder y como producto final puede utilizarse el terror como dispositivo continuo de aquella hegemonía. Es solo durante la Edad Moderna en donde el mundo vuelca sus ojos a la producción literaria hispanoamericana. Olvidamos a raíz de la globalización la historia real de nuestros pueblos renegando de ella, viendo en ella suciedad, sintiendo orgullo en el día de la raza, celebrando la dominación española, la violación de Latinoamérica, tal como renegamos de aquellos individuos desposeídos físicamente privilegiando apariencia y no conocimiento.

“El atractivo del conocimiento sería muy pequeño si en el camino que conduce a él no hubiera que superar tanto pudor”

Friedrich Nietzsche.